El demócrata pensador

Autor:Ernesto E. Domenech
Páginas:75-79
 
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Quiero agradecer que me hayan invitado a estar aquí junto a Uds., sentado entre amigos con quienes he compartido parte de mi vida, proyectos y experiencias, para homenajear al Profesor Fiorini. ¿Qué podría yo decir frente a este convite? No mucho, y tal vez alejado de vuestras expectativas. Recordar a Fiorini fue volver a mis años de estudiante. A un edificio añoso e histórico. A un tiempo de dictaduras en el que me enseñaban e intentaba aprender Derecho. Curiosa paradoja que me impuso otras reflexiones. Entre otras cómo enseñar una regla.

Hace un tiempo ya pienso en cómo se enseñan y cómo se aprenden las reglas. Y he encontrado en el juego una fuente fecunda de ideas. Porque el juego -como la abogacía y el ejercicio del Derecho Penal o el Derecho Administrativo- es una actividad reglada, pero también una contienda, un desafío. Algo infantil rodea al juego y algo sacro. Pues bien recordé entonces, como quien busca en la memoria minúscula e intransferible, cómo había aprendido a jugar, con mi abuelo, juegos de naipes. En especial el truco y el tute. Evoco la nostalgia, viene con los años y los recuerdos, el placer enorme de esos encuentros. También la poca academia preliminar. Las pocas palabras preambulares. Apenas el valor de algunas cartas, el señalamiento de algunas dificultades, y después el juego. El mucho juego en el que insensiblemente aprendía, con ejemplos y ejercicios, las estrategias. Los modos de obrar. El cálculo. Y la tolerancia con la suerte que se hecha de a poco, se acepta como límite, y emplea como estímulo. Poco debe haberse imaginado mi abuelo las muchas cosas que aprendí a su lado de ese modo. Y debe haber sido impensado para él que osase traerlo a esta Casa como una suerte de maestro calmo y anónimo. Con el tiempo me di cuenta de que mis profesores de Derecho, los muy pocos y muy buenos a quienes recuerdo y quiero, me dejaron sentimientos parecidos. Y es que el aprendizaje de las reglas comparte mucho con el de los juegos. Nuestros maestros no sólo nos enseñaron con sus clases, sus preguntas, sus respuestas o sus exámenes, sino también con el ejemplo. Y es mucho más eficiente Page 76 el ejemplo que el discurso como modo de enseñanza. La obstinada presencia en clase, los exámenes sin prisa y con diálogos tolerantes, fundados y racionales, el pensamiento crítico fueron también una forma de enseñar. También lo fue el ejercicio inclaudicable de la democracia (cuando las dictaduras se enseñoreaban sobre la...

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