Intervenciones federales durante las presidencias del Doctor Carlos Saúl Menem 1989-1999

Autor:Alfredo Vítolo
Páginas:601-638
RESUMEN

1. Intervención federal a la provincia de Tucumán por decreto del 15 de enero de 1991. 2. Intervención federal a la provincia de Catamarca por decretos Nº 566/91, 572/91 y 712/91. 3. Intervención federal a la provincia de Corrientes por decretos Nº 241/92, 1.447/92 y 53/93. 4. Intervención a la provincia de Santiago del Estero por ley Nº 24.396. 5. Conclusiones.

 
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El 24 de marzo de 1976, Isabel Martínez de Perón fue destituida como Presidente de la Nación "cargo que había asumido al morir su marido" y recluida en el sur del país. Asumió el poder político una Junta Militar compuesta por el general Videla, el almirante Massera y el brigadier Agosti.

Los años del autollamado "Proceso de reorganización nacional" fueron terribles. La guerrilla y el terrorismo, a los que siguió el terrorismo del estado militar que los combatía, sumieron al país en un baño de sangre.

Nadie dudaba entonces "y nadie lo duda hoy" acerca de la necesidad que tenía el Estado de afirmar su autoridad y titularizar la fuerza para terminar con los actos terroristas. Sin embargo, en ningún caso se justifica la utilización de cualquier método y mucho menos el que adoptaron las Fuerzas Armadas. Lo que debió "aniquilarse" era el "accionar" de la subversión, no encarcelar en campos clandestinos, torturar y matar a miles de argentinos utilizando los métodos más aberrantes e inmorales. El saldo de esa lucha dejó, además de los miles de presos y exiliados, 30.000 desaparecidos "según algunos" o al menos Page 602 9.000 totalmente comprobados e identificados por la CONADEP cuando se recuperó la democracia.

Mientras el terror y la muerte reinaban en el país, la pretendida reorganización económica no se producía. El plan instrumentado por el ministro de Economía Martínez de Hoz, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, fracasó y generó una crisis de la que todavía no nos hemos recuperado los argentinos. Si la gestión militar y represiva del llamado "Proceso" sembró la muerte, la gestión económica cumplió efectos parecidos en lo material. La deuda externa, incrementada, continuó agobiando aún más al país con similares efectos letales. Un país sumergido en el dolor y la desesperanza.

A partir de los años 80 la lucha contra la subversión prácticamente había terminado, pero el pueblo seguía sin poder sobreponerse al horror. La corta gestión del general Viola aflojó algunas tensiones y tímidamente comenzó la actividad política, situación que tuvo una variante fundamental cuando asumió la presidencia el general Galtieri.

La irresponsable guerra de Malvinas en 1982 y la soberbia con que fue conducida, tanto en el plano militar como en el de las relaciones internacionales, llevó a la muerte a cientos de jóvenes argentinos y sepultó las posibilidades diplomáticas que durante tantos años habíamos venido desarrollando en todos los foros y que nos había colocado a las puertas de una solución definitiva. De la gesta de Malvinas sólo es rescatable el valor personal de oficiales y soldados, que en condiciones inadecuadas encararon con valor y ofrendaron sus vidas en una disparatada aventura a la que fueron conducidos por irresponsables e ineptos militares. A ellos el país les debe todavía el homenaje que merecen.

La derrota en la demencial invasión de las Islas Malvinas, la presión internacional para que el país recuperara un lugar civilizado en el concierto de las naciones, la situación económica Page 603 en alarmante deterioro y el sometimiento a grupos de poder financiero, sumado al repudio total de la ciudadanía, obligaron a que el llamado "Proceso" procurara vías de escape, aunque se hablase de una salida electoral.

En lo que prácticamente constituyó una rendición incondicional ante el país civil, las Fuerzas Armadas en función política aceptaron las elecciones nacionales para la reinstalación de los poderes de la Constitución211.

Las fuerzas políticas procuraron aceleradamente recomponer sus estructuras y sellar acuerdos que permitieran superar la crisis, mientras los sectores sociales, las entidades empresarias, los sindicatos y organizaciones profesionales, por no citar todo el arco de la vida nacional, también se sumaban a la búsqueda de una solución.

Tras una campaña electoral apasionada, con una desconocida participación popular "al menos en los últimos años" y en un clima de fiesta, el 30 de octubre de 1983, el pueblo votó fervorosa y libremente. Por primera vez, desde 1930, se elegían las autoridades nacionales, provinciales y municipales sin proscripciones, sin condicionamientos y sin exclusiones. Se trataba, nada menos, que de la restauración de las instituciones de la república.

Triunfó el candidato de la UCR, doctor Raúl Alfonsín, con más del 50% de los votos emitidos. Quedó así perfectamente identificada cuál era la prioridad elegida por la sociedad argentina. Por encima de cualquier otro valor se consideró a la democracia y al marco constitucional como los elementos básicos para comenzar con la ardua tarea de la recuperación nacional. La ciudadanía, al votar por quienes más se identificaban Page 604 con la democracia, también castigó las contradicciones de un peronismo que aparecía antiguo, anarquizado y vinculado con todo aquello que la sociedad argentina no quería. Carlos Floria y César García Belsunce, refiriéndose a ese proceso electoral, señalan: " ... la mayoría de la gente fue motivada por la reivindicación del gobierno de la ley, por el retorno a un régimen democrático constitucional y por la paz ideológica. Puede advertirse cruzando gran parte del espectro electoral, una motivación de voto no peronista"212.

La gestión cumplida por el presidente Alfonsín fue muy dura y llena de dificultades. Sin embargo, pudo el país reinsertarse en el mundo, se consolidó el sistema democrático, se afianzó el estado de derecho y "dando un ejemplo al mundo" se sometió a juicio y se juzgó, por los jueces de la Constitución, a los principales responsables del horror. Durante todo su gobierno no se dispuso ninguna intervención federal a las provincias.

En medio de grandes dificultades económicas y tensiones sociales comenzó el año 1989, último del período del presidente Alfonsín. Una crisis energética que reconocía pocos antecedentes obligaba a los argentinos a vivir a media luz, mientras la sequía dejaba un saldo de 1.500 millones de dólares de pérdidas. Comenzaba a ser realidad la consecuencia de una crisis larvada por años de desinversión en sectores dinámicos de la economía.

A fines de enero el país fue sacudido por el asalto que realizó un grupo subversivo militarizado, el MTP (Movimiento Todos por la Patria), intentando ocupar la unidad militar de La Tablada. En una violenta batalla, con innumerable cantidad de Page 605 muertos, el intento subversivo fue controlado, pero quedó en la sociedad la sensación de un regreso al pasado y de la ineficiencia del poder legal para poner fin a este tipo de violencia.

En la primera semana de febrero, el Gobierno sufrió una de las peores crisis monetarias de su historia. Los principales grupos económicos y un mercado altamente sensibilizado demandaron al Banco Central de la República Argentina dólares a cambio de pesos, mientras los exportadores no liquidaban sus operaciones. El Gobierno decidió atender los requerimientos, pero al cabo de pocos días se quedó sin reservas y no pudo seguir respaldando la moneda. Los observadores han calificado los sucesos de esa semana como un auténtico golpe de estado destinado a debilitar definitivamente al Gobierno.

En esas condiciones se celebraron las elecciones de renovación presidencial y todo hacía prever el triunfo de la oposición.

El 14 de mayo fue electo Presidente de la Nación, con mayoría propia en el Colegio Electoral, el candidato del justicialismo. El hecho revestía características históricas. Desde el año 1916 no se producía un triunfo electoral de la oposición en un proceso democrático, libre y sin restricciones. Debíamos remontarnos a las primeras elecciones que Hipólito Yrigoyen ganó al candidato del oficialismo para encontrar un antecedente similar. Habían transcurrido 73 años.

Con tropiezos y venciendo innumerables dificultades se había logrado dar un paso importante en la consolidación de la democracia. Sin embargo, quedaba por transitar un período muy difícil, que era el comprendido entre la elección del nuevo mandatario y la asunción efectiva de éste al poder: 7 largos meses.

La situación se tornó caótica. Se salieron de madre todos los mercados, la inflación se hizo incontrolable y las demandas sociales se expresaron en actos de violencia y pillaje, saqueándose supermercados y diversos establecimientos comerciales.

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En algunos casos podía apreciarse una reacción espontánea de la población; en otros, resultó inocultable la acción de agitadores que perseguían otros propósitos.

El doctor Alfonsín, ante la alternativa de poner en riesgo el sistema democrático por el caos reinante o resignar los meses que le restaban a su período presidencial, decidió dejar la presidencia y facilitar la asunción del nuevo mandatario. Este gesto, aún hoy, no ha sido suficientemente valorado por la clase política y cada tanto se lo recuerda como "huida" del gobierno, sin advertir lo que ha significado institucionalmente esa actitud.

Se realizaron varias negociaciones políticas a los efectos de permitir al doctor Menem contar con el respaldo legislativo que necesitaba para comenzar su gestión y que, de acuerdo a los resultados electorales, recién dispondría en diciembre de 1989. La UCR, en otro gesto similar al de su líder, facilitó la asunción y asumió el compromiso de mantener en la Cámara de Diputados sólo el número de miembros que le correspondería de acuerdo a los resultados de las elecciones, con lo cual se permitía la formación de quórum y la mayoría justicialista213.

El 8 de julio de 1989 Carlos Menem prestó juramento como Presidente de la Nación ante la Asamblea Legislativa y, minutos después, recibió del doctor Alfonsín los...

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