Intervenciones federales durante la presidencia de Arturo Frondizi 1958-1962

Autor:Alfredo Vítolo
Páginas:535-561
RESUMEN

1. Intervención federal a la provincia de Córdoba por ley Nº 15.282 2. Intervenciones federales a las provincias de Buenos Aires, Chaco, Río Negro, Santiago del Estero y Tucumán por decreto del 9 de marzo de 1962 3. Conclusiones

 
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El 16 de setiembre de 1955 se inició en Córdoba una sublevación destinada a derrocar al presidente Perón. La encabezó el general Eduardo Lonardi, hombre de prestigio en el Ejército, de tendencia nacionalista y vinculado a la dirigencia de la Iglesia. Ocupó la Escuela de Artillería y, después de algunos enfrentamientos armados, dominó la guarnición local y la ciudad de Córdoba.

El gobierno del general Perón, por su parte, montó un vasto operativo para la represión de un movimiento que creyó fácil sofocar. No tomó en cuenta los apoyos que los rebeldes encontrarían en los militares de las provincias de Cuyo y en la Marina de Guerra, además de un importante pronunciamiento de la opinión pública, que permitieron a los revolucionarios consolidar su posición.

A los pocos días, después de arduas y confusas negociaciones, el general Perón dejó el poder y las fuerzas revolucionarias se hicieron dueñas de la situación. El 23 de setiembre el general Lonardi, como presidente, y el almirante Rojas como vice-presidente, juraron sus cargos y asumieron el gobierno provisional de la Nación. Medio país confiaba en la libertad recuperada mientras el otro medio estaba profundamente entristecido por el derrocamiento de su líder.

Las primeras actitudes del general Lonardi ya presidente resultaron positivas. Bajo el lema de que "no existen vencedores ni vencidos", afirmó que se mantendrían las conquistas sociales que fuesen legítimas y que sólo se perseguiría judicial- mente a los que hubiesen cometido delitos. Convocó a todos los partidarios de la llamada Revolución Libertadora y los peronistas, a trabajar en conjunto para la recuperación nacional y al restablecimiento de la democracia constitucional.

Los militares, mayoritariamente antiperonistas, consideraron que la posición del Presidente no era la correcta y que debía realizarse un proceso de auténtica depuración de todo aquello que tuviese vinculación con el régimen anterior. Al perder el presidente Lonardi el respaldo militar, renunció el 13 de noviembre y en su lugar las Fuerzas Armadas eligieron como presidente al general Pedro Eugenio Aramburu.

A partir de noviembre de 1955, cuando el general Aramburu sucedió al general Lonardi en la Presidencia de la República, se reacomodaron los sectores militares que ejercían el poder, delineándose con claridad dos posiciones: las de aquellos que pretendían profundizar el antiperonismo y excluir de la vida nacional todo lo que se relacionara con el "régimen depuesto" y quienes pretendían una transición moderada hacia el restablecimiento de la democracia, sin que ello significara la legalización del peronismo. La paridad de fuerzas entre ambas tendencias impidió una conducción firme y el logro de objetivos coherentes.

Mientras tanto, en lo político, todos los sectores miraban a la UCR como la única posibilidad para constituir un nuevo gobierno. Sin embargo, este partido -lamentablemente- no estuvo a la altura de las circunstancias ni respondió a las expec-Page 536 tativas que la sociedad había depositado en él. Su división gene- ró cambios importantes en el panorama nacional. Los dos grupos en que se dividió terminaron siendo dos partidos independientes y, con el correr del tiempo, decisivamente diferenciados. La Unión Cívica Radical del Pueblo -con la conducción del Dr. Balbín- y la Unión Cívica Radical Intransigente -inspirada y presidida por Frondizi- resultaron fuerzas políticas autónomas, cada una de ellas con posiciones muy distintas sobre la realidad nacional y el futuro del país.

En 1957 el Gobierno -con el apoyo de la UCR del Pueblo- realizó un test electoral con el objetivo de anular la Constitución peronista de 1949, introducir algunas modificaciones y experimentar un nuevo régimen que introduciría el sistema electoral de la representación proporcional de los partidos reconocidos. Los radicales del Pueblo apoyaron la convocatoria y el radicalismo Intransigente se opuso a esa intención y decidió concurrir a las elecciones al solo efecto que sus representantes impugnaran la Convención Constituyente, por considerar ilegal su convocatoria. El peronismo, por su parte, propició el voto en blanco como expresión de repudio a su marginación electoral y con el propósito de reemplazar la Constitución del 49.

El fracaso final de la Constituyente, que se disolvió después de haber declarado la derogación de la Constitución del 49, reimplantando la de 1853 con sus reformas y agregando un artículo sobre los derechos sociales, originó las primeras definiciones e hizo más transparente el proceso político.

Quedaba claro a través del resultado electoral y lo acontecido en la Constituyente que, si se producía una real alianza entre la UCRI y el Partido Peronista, nada podría impedir un rotundo triunfo electoral de sus candidatos y, ante esa perspectiva, se plantearon en el Gobierno de la Revolución Libertadora diversas alternativas. Una de ellas consistía en Page 537 negar la salida electoral, manteniéndose a los militares en el poder, ésta se identificó como la posición continuista. Otra alternativa proponía impedir por todos los medios, inclusive la proscripción, la combinación UCRI-Peronismo. Se trataba también de un continuismo, pero con recambio de hombres. También se auspició, aunque sin mucha convicción ni adherentes, una auténtica salida electoral, dejando librado al voto de ciudadanía -incluido el peronismo- el porvenir político del país.

El general Aramburu, con algunos militares que lo secundaban en su gestión y en cumplimiento de la palabra empeñada, sostuvo que debía otorgarse a la ciudadanía la posibilidad de votar, pero eso sí, con la proscripción del peronismo. El almirante Rojas, acompañado por la Marina y parte importante del Ejército, sostuvo que debía mantenerse el Gobierno en manos de los revolucionarios y no correr los riesgos que importaría el triunfo de Frondizi, a quien seguramente apoyarían vastos sectores del peronismo. Triunfó la tesis del general Aramburu y el país se embarcó en la campaña electoral. El radicalismo del Pueblo proclamó la candidatura a presidente de Ricardo Balbín y la UCRI la de Arturo Frondizi.

La UCRI realizó su campaña sobre la base de un proyecto superador de la plataforma radical tradicional: prometió una amplia amnistía y un programa de transformación económica con estabilidad y desarrollo, concepto éste que incluía lo social y cultural. Convocó a otros sectores de la ciudadanía, especial- mente a los intelectuales y a la juventud para que, conjuntamente con los empresarios y la clase obrera organizada, dieran sustento al cambio que prometía para que el país superara sus dificultades, terminara sus luchas intestinas y se reinsertara en el mundo.

Acercándose la fecha de la elección, el general Perón, entonces exiliado en Venezuela, decidió apoyar la candidatura Page 538 de Arturo Frondizi conforme a un acuerdo que escandalizó la vida política de la época. El compromiso entre el líder exiliado y el candidato intransigente generó acerbas críticas del radicalismo del Pueblo y de sectores militares, que denunciaron la existencia del mismo como una traición a la Revolución Libertadora.

El apoyo del peronismo a la candidatura de Frondizi ha sido interpretado, a través del tiempo, de distintas formas y comentado con los más diversos enfoques.

Para Perón no importó un acuerdo político sino una actitud estratégica y táctica. Según el texto suscripto presuntamente en Ciudad Trujillo el 3 de febrero de 1958, Perón dio la famosa "Orden", "Mensaje al Comando Táctico Peronista", en los siguientes términos: "El Comando Superior Peronista considera que la mejor forma de enfrentar al Grupo de Ocupación es votar por el Dr. Arturo Frondizi, candidato que ha declarado solemne y públicamente su propósito de rectificar la política económica antinacional, restablecer las conquistas del justicialismo y permitir la libre expresión política y sindical de la masa popular. Esta decisión no implica, en modo alguno, la unión con las fuerzas que respaldan al doctor Frondizi, ni tiene otro alcance que el de una norma de conducta a seguir en el momento de sufragar: es un acto de táctica política y una manera de expresar nuestro repudio por dos años y medio de opresión y vasallaje ..."185.

Para Frondizi, en declaraciones hechas durante la campaña y después de ser conocida la decisión peronista de apoyarlo, no existió pacto sino una decisión unilateral del justicialismo. Sostuvo entonces: "Sepa el pueblo que cualquiera sean las adhesiones y los apoyos que reciba la UCRI, no tenemos ni ten-Page 539dremos pactos secretos ni públicos, ni hemos contraído ni contraeremos compromiso alguno con partidos o personas que apoyan nuestra candidatura. Nuestros únicos compromisos son los que tenemos con la Nación Argentina; en cuyo cumplimiento empeñamos nuestro honor y nuestra vida." Estas manifestaciones fueron ratificadas durante toda la campaña electoral y en la carta que dirigiera, siendo ya presidente, al ministro del Interior doctor Alfredo R. Vítolo, en oportunidad de la inter- pelación sobre el tema del "Pacto" en la Cámara de Diputados186.

El 23 de febrero de 1958, con una mayoría que llegó a más del 50% de los votos, Arturo Frondizi fue consagrado Presidente de la República. Al conocerse el resultado de la elección comenzaron las presiones de los grupos más antiperonistas del Gobierno para impedir la transmisión del mando. Sólo la actitud decidida del general Aramburu y algunos militares que lo secundaban impidió que se consumara el desconocimiento de la voluntad popular. El 1º de mayo de 1958, Arturo Frondizi asumió el cargo de presidente y dirigió su mensaje inaugural a la Asamblea Legislativa.

En el período comprendido entre el 1º de mayo de 1958 y el 31 de diciembre...

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