Fundamentos objetivos en el sujeto

Autor:Eduardo Morón Alcain
Cargo del Autor:Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales
Páginas:69-98
RESUMEN

Introducción A. El ser del hombre 1. Conceptualización y univocidad 2. "Igualdad" humana 3. ¿Esencia y sustancia humanas? 4. Existencia humana . Naturaleza humana C. Finalidad en el ser humano D. Condición humana E. La sexualidad humana Sexo y género F. Situaciones G. Relaciones humanas H. Lo religioso I. La psicología

 
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Introducción

En este nuevo capítulo nos proponemos encontrar también en el propio sujeto, es decir, en el hombre, fundamentos objetivos de las acciones que debemos juzgar como reglas y medidas para tener conductas correctas en todos los planos.

Las consideraciones, en este caso, resultan menos sencillas que las anteriores, por la densidad ontológica del ser humano y la abundante bibliografía al respecto, sobre todo en los últimos tiempos con la profundización de la psicología - en especial de la psicología analítica-, la amplitud de los estudios históricos desde la prehistoria hasta nuestros días y con ella de la cultura humana, la sociología, el surgimiento de una antropología que es filosófica y los análisis profundos de la fenomenología sobre la existencia humana. En fin, el panorama de los estudios sobre el hombre tanto se ha enriquecido que se hace imposible abarcar totalmente ese aporte, si es que alguna vez - por menores que fueran los datos que se tenían en cuenta- esto se haya podido hacer.

La mirada filosófica sobre el hombre llega a dimensiones ontológicas que no están sujetas a tantas variaciones y aumentos cuantitativos de conocimientos. Es por eso que nos resultan siempre de actualidad, aunque deban ser sometidas a nuevas iluminaciones, las obras de PLATÓN, ARISTÓTELES, estoicos, medievales, como las de otros grandes filósofos de la Edad Moderna.

Comenzamos por el ser, más específicamente, por el ser del hombre, dimensión que es la más profunda y la más importante para considerar.

A El ser del hombre
1. Conceptualización y univocidad

Hombre, ser humano y persona humana deben ser tomados en forma unívoca, es decir que han de predicarse con el mismo contenido o notas constitutivas absolutamente de todos aquellos a los que así consideramos hombres en todos los tiempos, culturas, razas, grupos sociales, sexo, edades, o en gestación. Es decir, todos y cada uno de los seres humanos son real y plenamente hombres en cualquiera de las condiciones y situaciones a las que pertenezcan o hayan pertenecido, hayan o no sido reconocidos como tales por los demás hombres y por las culturas a las que pertenecieran o por los sistemas jurídicos bajo los que hayan estado sometidos.

2. "Igualdad" humana

Precisamente, entre los primeros derechos que llamamos "humanos", que se han proclamado solemnemente, está el de la igualdad, conquista insuperable contra todos los absurdos y presuntuosos racismos, separaciones tajantes de clases sociales y xenofobias nacionalistas que se han dado y pudieran darse.

Declarar que todos los hombres por naturaleza nacen y son iguales, no es sino aplicar al mundo social y político esta univocidad lógica de la palabra, que responde a razones ontológicas más profundas. En la historia y en todos los grupos sociales se han dado y se dan grandes diferencias entre los seres humanos, sobre lo cual resultaría ocioso enumerarlas; pero en el fondo, y en lo más capital que interesa, todos los seres humanos participan sustancialmente y de idéntica manera de una misma realidad: ser hombres. Por lo tanto, nada puede justificar una discriminación injusta hacia alguno de ellos para obrar en consecuencia también injusta en lo social, en lo moral o en lo jurídico.

3. ¿Esencia y sustancia humanas?

Hemos asentado que la univocidad a la que acabamos de referirnos tiene un fundamento ontológico, es decir, en el ser, y esto habrá que justificarlo. Esta justificación sólo podrá hacerse acudiendo a los términos de "esencia" y "forma sustancial".

¿Realmente se da una esencia o una idéntica forma sustancial exclusivamente humanas? Ernest CASSIRER, refiriéndose a HUME que para refutar al deísmo, dijo que su fundamento era la "naturaleza humana Page 71 idéntica a sí misma" y luego agregaba: "Pero ¿dónde está esta naturaleza humana? ¿Es un hecho empíricamente dado o no es sino una hipótesis? [...] el soberbio edificio del deísmo descansa en cimientos de barro, porque esa naturaleza humana sobre la que se quería levantar la religión natural no tiene ninguna realidad sino que es una pura ficción"93. Sin embargo, además de tratar más tarde sobre el contenido de esta afirmación el filósofo inglés incurrió en una evidente contradicción al titular su famosa e importante obra Tratado de la naturaleza humana, en la que en innumerables veces hace apelación a esta naturaleza.

También se la ha negado al afirmar que el hombre no tiene esencia-naturaleza permanente, sino que se agota "en ser historia" y continuo cambio. Jean Paul SARTRE, al asentar que el hombre con omnímoda libertad se hace a sí mismo, igualmente niega la esencia y ratifica de él que es sólo existencia, la cual precede a la esencia que es lo que el hombre quiere hacerse.

Casi lo mismo que negarla es confundirla, es decir, no distinguirla de esencias o naturalezas específicamente distintas como son las de los animales no racionales. Peter SINGER, importante especialista mundial sobre temas de ética, asienta en su libro: "[...] [es] tabú comparar la vida humana con la no humana [...] [y que su] libro trata sobre la comparación y en algunos casos, la equiparación de la vida de humanos y de animales", y más adelante se refiere a los peligros de "mantener los actuales tabúes caducos". El tabú es según SINGER el de no querer comparar ambos tipos de vida, la de los hombres y la de los animales no racionales. Seguidamente, precisa que "[...] no parece existir ninguna característica moralmente relevante que estos humanos tengan y de la que carezcan los animales [...] deberíamos rechazar la doctrina que coloca la vida de los miembros de nuestra especie por encima de las vidas de los miembros de otra especie. Algunos miembros de otras especies son personas; algunos miembros de nuestra propia especie no los son"94. El autor después deduce algunas conclusiones muy coherentes con su concepción pero que, lógicamente, son imposibles de aceptar.

No es la primera vez que aparece esta comparación igualitaria entre los seres humanos y los animales no racionales. En el siglo XVIII de la Ilustración, algunas de sus corrientes dieron explícitas conclusiones en este mismo sentido. CASSIRER nos dice que LAMETTRIE sostiene que "[...] la materia Page 72 orgánica contiene en sí un principio de movimiento por el cual es diferenciada y que toda la vida animal depende de la diferencia de esta organización" y agrega sobre él: "[...] el hombre no tiene, con respecto al mono y a los animales más desarrollados, mayor diferencia que el reloj planetario de Huyghens con un reloj primitivo"95.

Otro autor nos trae al mismo LAMETTRIE cuyo nombre escribe de una forma algo diferente: "Para LA METTRIE el hombre es una máquina que siente y piensa, formada únicamente de materia y, por tanto, carente de alma. Basado en sus comparaciones, llega LA METTRIE a la conclusión de que entre el hombre y el bruto no se da diferencia ninguna esencial", también en el mismo libro se hace referencia a otro pensador de ese siglo cuando leemos que "D-'HOLBACH niega al hombre una situación especial en el cosmos; es un ser vivo lo mismo que los animales. La idea de que está por encima de éstos es un error"96.

También en nuestra época, un autor importante como Richard RORTY sostiene esta misma opinión: "nada relevante para la decisión moral separa a los seres humanos de los animales, excepto hechos históricos contingentes culturales"97.

Insistiendo sobre la relación entre el hombre y los seres vivos sensibles irracionales, como se ha visto, se ha negado esta distancia o separación, aunque reconociendo que podría ser sólo de grado y no como en realidad lo es, esencial, específica. Claro está que los defensores de esta teoría deberían precisar cuál es el límite exacto de los animales no racionales para ser iguales a la naturaleza humana. Cabe entonces esta pregunta: ¿llega esta igualdad hasta los pequeños mamíferos, a los reptiles, a los invertebrados o a los insectos? Entendemos que tal ajuste en esas ideas no resulta posible de aclarar dando razones firmes, y que en caso de pretender hacerlo, el resultado no puede llegar a ser admitido por el propio sentido común.

No se trata de desmerecer en los animales la riqueza ontológica que tienen, lo que de ninguna manera es necesario para destacar la preeminencia esencial que tiene el ser humano. En efecto, en la evolución última, en especial la de los mamíferos superiores, se destacan aspectos de un psiquismo mayor de conocimiento de fines, de fruición y, en algún aspecto de volición, de relacionar y hasta de utilizar medios para obtener algún bien, realidad Page 73 que tomaba Max SCHELER para aceptar la presencia de una "inteligencia técnica" en estos seres vivos y sensibles.

Tomás DE AQUINO hace ya varios siglos escribía: "[...] que el raciocinio práctico se encuentra en pocos animales y que se encuentra no sólo en los hombres, porque también algunos animales participan de cierta sabiduría y prudencia; a saber, los que juzgan rectamente por la estimativa natural sobre lo que hay que hacerse"98. También el domínico medieval acepta un voluntario analógico en los animales por el conocimiento del fin, aunque sea imperfecto, porque sólo se refiere a los fines y bienes singulares y nunca a los universales99.

Se sostiene que el hombre, en algunos estados de inconsciencia, se equipara a esos animales. Efectivamente, el ser humano puede encontrarse en algún estado de total inconsciencia, pero esto - lógicamente- no le hace perder su situación ontológica por lo que, aunque se encuentre en estado embrionario en el seno materno o en estado puramente vegetativo por accidente o por...

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