Lo objetivo - Segunda parte

Autor:Eduardo Morón Alcain
Cargo del Autor:Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales
Páginas:41-67
RESUMEN

D Finalidad E . Relación F. Valores G. Naturaleza de las cosas H. El "mundo"

 
ÍNDICE
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Continuamos con el mismo tema del capítulo anterior, sólo que lo hemos separado a los fines de una lectura más descansada sobre esto que hemos denominado "fundamentos objetivos de las acciones humanas".

D Finalidad

Otra realidad objetiva y esencial, es decir que no puede obviarse en absoluto para fundar la moral y el derecho, es la finalidad en la naturaleza, en los seres en general. Pero resultaría fácil hacerla caer en desprestigio cuando se pretende abusar de su aplicación en todos los órdenes.

Efectivamente, no son pocas las veces que el común de las personas, y aun de algunos con mayores exigencias intelectuales, creen descubrirla en todos o en muchos sectores de la realidad, pero sin un espíritu crítico, sin fundamentos de estricta razón. Suelen ser proyecciones exclusivamente de la imaginación por transposición de lo exclusivamente humano a lo que no pertenece a su ámbito. Lo que ocurre en esas situaciones es que espontáneamente pensamos encontrar finalidades y sentidos en muchas o en todas las cosas y hechos que nos rodean y, cuando no los encontramos, quedamos perplejos, acudiendo a la imaginación para satisfacer esos fines.

Allí, en donde claramente no es aplicable o estimamos que la finalidad nada explica, deberíamos omitirla y no hacerle referencia, pues si lo que llegamos a entender en su orden tiene suficiente explicación con la sola presencia de la causa eficiente o de lo mecánico, no es procedente añadir la finalidad como explicación, lo que vendría a ser un agregado ocioso en ese orden científico.

Es importante seguir, aunque someramente, lo que se ha pensado, profundizado y hasta muchas veces abiertamente negado en la historia de los Page 42 pensamientos filosófico y científico sobre el principio y a la vez causa, que es la finalidad. Para eso, salvo algunas observaciones profundas anteriores, es a ARISTÓTELES al que debemos necesariamente acudir para empezar, ya que él ha hecho de la finalidad uno de los pilares fundamentales de su amplio, rico y profundo sistema filosófico, que siempre queda abierto para nuevas aportaciones, interpretaciones y enriquecimiento. Además, como él fue en su época un pensador científico - tal como se entendían entonces la ciencia física, la biológica y la astronómica- su pensamiento sobre el tema nos resulta o debe resultar para todos de gran importancia, se compartan o no sus conclusiones asentadas en los libros correspondientes.

Él nos dice que principio es "lo primero desde lo cual algo es o se hace o se conoce" y que ellos son universales y necesarios44; es así que para explicar el ente móvil y la sustancia sensible acude a este principio del fin, y concluye subsumiendo en él a todas las otras causas45.

Es del caso consultar a QUERALTÓMORENO, quien ha tratado específicamente este tema en el filósofo griego46, la escolástica que siguió su pensamiento llamó causa causarum a la causa final. El de Estagira, sin negar a las causas eficientes o mecánicas, concibió el movimiento del ente como especificado por su forma sustancial y, lo que es tan importante, que ese cambio se hace en la dirección y en la marcha hacia la plenitud de esa misma forma, en otras palabras, hacia la causa final que se identifica así con la perfección de la forma sustancial.

El filósofo español que seguimos destaca que el término griego para denominar a lo perfecto es téleion, cuya afinidad etimológica con télos es evidente. Lo que ha recibido su fin "ha recibido, por tanto, la causa de su perfección"47. Lo anterior podemos explicarlo agregando que la presencia o inmanencia de la forma sustancial en un ente, lo que el filósofo ha llamado causa formal, en su aspiración y cambio hacia su fin es aspiración y cambio hacia su propio bien, con lo que se identifican muy claramente el fin de ese ente con su bien y, viceversa, el bien con su fin. Este bien propio o perfección no es entonces un accidente o una cualidad más, sino que tiene que ver con su mismo ser, en su mayor y mejor realización, esto es lo que posteriormente ha venido a expresarse como que se identifican ser y bien (ens et bonum convertuntur). El bien, con una terminología posterior, vino a llamarse uno de los trascendentales del ser porque es el mismo ser en cuanto es apetecible, objeto, finalidad y plenitud de la tendencia o apetito de ser y de ser más. Page 43

Existe una diferencia que hace notar el heleno entre el fin, perfección o bien de un ente de la naturaleza y el de la obra de arte (fuese de belleza o de utilidad): en el fin de un ente de la naturaleza, el principio de acción reside en el mismo ser; en cambio, en el segundo, está en otro, es decir, en el sujeto que pone su propia idea en la obra (ergon, opus) que realiza48.

Hemos nombrado a las causas eficiente, formal y final. Sin embargo, GARRIGOU LAGRANGE siguiendo a ARISTÓTELES asienta: "El agente y el fin ejercen el uno sobre el otro, desde diferentes puntos de vista, una causalidad recíproca"49, y hace la cita del filósofo griego que expresa que las causas están íntimamente relacionadas en la realización del cambio y del ser que cambia para su bien, pues ellas actúan entre sí recíprocamente: "puede haber para un mismo objeto muchas causas [...] las causas pueden ser recíprocas"50. Con el ejemplo, el maestro de Alejandro Magno aclara que la causa final atrae para ser alcanzada la acción de la eficiente y que éste actúa sobre la causa formal sustancial y aun sobre la causa material, perfeccionándose así el ser que las posee, porque "la causa final es, en efecto, el bien por excelencia y el fin de los otros seres"51.

Es muy importante hacer presente que nuestro filósofo no parte de principios universales o de ideas concebidas a la manera de su maestro PLATÓN o de un a priori como KANT ni como lo hiciera luego HEGEL, sino que sigue, por el camino de la experiencia sensible e inmediata por donde todos comenzamos natural, necesaria y espontáneamente a conocer. Es por eso que tanto la naturaleza y el cambio que se nos ofrecen inmediatamente y con toda evidencia a nuestros sentidos no necesitan, no son objetos de deliberación o de demostración; se ofrecen inmediatamente sin necesidad de argumentación52. Lógicamente, si allí en las cosas y en los hechos humanos de cualquier naturaleza comienza nuestro conocer, para su aclaración y explicación, sean de las ciencias o de la filosofía, ese conocimiento inicial debería elevarse por la misma inteligencia hacia sus causas, leyes y principios, que en esas cosas y hechos están también verdaderamente presentes porque los producen. Page 44

Esas presencias no son inmediatas, para nosotros (quoad nos), dado que no son sensibles a los sentidos externos, pero sí objetos de intelección y que dan razón de aquellos fenómenos (fainestáis) que se nos aparecen, por ejemplo, las relaciones de causa y efecto53. De esa manera, partiendo de lo inmediato, cambiante y particular arribamos a los grados más elevados y mediatos de la realidad natural y humana, que son en sí los más universales, permanentes y necesarios, y que por eso nos la explican, y lo hacen en la medida que a ellos llegamos y la realidad y sus seres conocemos no sólo en lo que son, sino también y es fundamental el porqué son.

Al pasar de lo dicho sobre la finalidad de la naturaleza en general a lo específico de lo orgánico y vivo, esto último incluye también a lo humano, que es abordado en De anima. Los principios aquí asentados, por supuesto, no varían sino que se hacen más claros. Esta visión teleológica se aplica ahora a seres más complejos en su estructura, integrados por partes homogéneas y heterogéneas: los seres vivos. El filósofo define en esa obra al alma (psyché): "el acto (entelekia) primero de un cuerpo natural que en potencia (dynamis) tiene vida" y agrega que "tal es el caso de un organismo" y para él, el alma en el hombre "es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos"54, es decir, principio único que reúne en sí todo lo que es humano, superior e inferior.

La forma sustancial de un ente, en este caso de un ente vivo, de un organismo se denomina alma, la cual lleva en sí misma, y con más razón, su apetito o tendencia a la perfección como su fin o bien propios, ratificando el plano vital y humano la concepción teleológica: "Es evidente que el alma es también causa en cuanto fin. La naturaleza - al igual que el intelecto- obra siempre por un fin y este fin constituye su perfección"55. ARISTÓTELES, sobre la finalidad de la naturaleza en su totalidad, agrega que "la observación de los hechos muestra bien que la naturaleza no es una serie de episodios (hechos) sin lazos (o vínculos) entre ellos a la manera de una mala tragedia"56.

Acerca de la entelequia se han planteado cuestionamientos que van de la superficialidad de tomarla como algo fantasmal a la perplejidad de advertir que no se termina de entender que pudiese ser asimilada intelectualmente en forma plena. Realmente, no resulta y quizá no puede en sí misma ser asible del todo; por ejemplo, una semilla, o una sola célula formada por Page 45 la conjunción de dos células anteriores provenientes de sexos diferentes, que desde sí mismas se dividan y multipliquen y distribuyan los distintos tejidos, órganos y sistemas fisiológicos para formar un individuo complejo actualizado, vemos así que desde ese principio que permanece y continúa activo, principio al que se ha llamado alma, sea vegetativa de un árbol, sensible de un animal o de una esencia superior que al simple vivir y sentir añade el pensar y el querer libremente, esa alma en todas sus progresivas formas de realización, es justamente, la entelequia.

Así podemos decir que la finalidad, además de ser un principio ontológico en los mismos seres, es también gnoseológico; es un criterio intelectual por el que podamos explicar el cambio presente universalmente y en todos los seres, en la medida y en el orden que correspondan. Ésta también es la...

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