El triunfo de un juez que desafió en soledad al poder

 
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MADRID.-Podría ser el argumento de una película de Hollywood: un funcionario de provincia, de moral estricta y cabeza dura, se enfrenta sin ayuda a la maquinaria de poder del Estado, desnuda una monumental trama de corrupción y, contra todos los augurios, termina ganando.

En este caso se trata de un héroe que es de carne y hueso. Se llama José Castro, tiene 68 años y como juez penal en Palma de Mallorca se cargó al hombro la investigación que desde 2010 hizo temblar a la corona española. El fallo que ayer condenó a la infanta Cristina de Borbón a soportar en el banquillo lo que resta del juicio por el fraude Nóos significó la victoria definitiva de ese hombre empecinado.

La Casa Real, el gobierno de Mariano Rajoy, la Agencia Tributaria y hasta el fiscal anticorrupción que descubrió con él los escandalosos negocios con fondos públicos de Iñaki Urdangarin, esposo de la infanta, maniobraron sin cesar para exculpar a la segunda hija de Juan Carlos I.

Cada embate parecía el que doblegaría a este magistrado con cara de pocos amigos, amante de la esgrima ritual japonesa y que va a los tribunales en moto o en bicicleta.

Castro y el fiscal Pedro Horrach se toparon con el fraude de Urdangarin mientras investigaban un caso de coimas en la construcción de un estadio cubierto en Mallorca.

En silencio, cercaron al yerno del rey y lo imputaron. Juan Carlos I se vio obligado a declarar que "la justicia es igual para todos", en un histórico discurso de Navidad en 2011.

Castro se lo tomó en serio. Tiró la bomba el 3 de abril de 2013, cuando citó a la infanta como acusada de apropiación indebida de dinero público y tráfico de influencias. Aportó en su fallo 14 indicios por los cuales la hija del entonces jefe de Estado había facilitado la trampa del Instituto Nóos: entre otros, que su nombre figuraba en los folletos de promoción, que era miembro del directorio y que había involucrado como asesor al secretario de la Casa Real encargado de las infantas, Carlos García Ravenga.

El poder entró entonces en acción. Horrach se enemistó con Castro y refutó su teoría. El rey encomendó al jurista Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución de 1978, la defensa de Cristina. La Abogacía del Estado, en representación de la Hacienda pública, apeló en contra del juez. Los medios vinculados al gobierno de Rajoy descalificaban a Castro, al que acusaban de "republicano", "justiciero" y "enfermo de protagonismo". Se rumoreaba que había movimientos para ascenderlo.

La...

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