Próxima estación: la presidencia

 
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En cierta época solía desmentirlo. Ya no. Lo que podía ser simplemente una leyenda que de tan repetida adquiría veracidad ahora empieza a ser una certeza que su mismo protagonista confirma, todavía en voz muy baja. A los diez años, Horacio Rodríguez Larreta expresaba un deseo un tanto extraño para su edad: quería llegar algún día a ser presidente de la Nación. No era una ocurrencia que surgía de la nada. La política corre por la sangre de los Rodríguez Larreta desde hace mucho: un tío tatarabuelo fue procurador general de la Nación entre los años 20 y 30 del siglo pasado y su padre -secuestrado diez días por la dictadura militar, en 1977- fue un conspicuo dirigente desarrollista. Por eso, desde chiquito, el reelecto jefe de gobierno porteño vio desfilar por su casa a conocidos políticos. Si a Mauricio Macri le aburrían soberanamente las reuniones con ejecutivos a las que lo llevaba su padre para que se fuera formando desde chico, a Rodríguez Larreta, en cambio, la visita constante de dirigentes a su casa lo llenaba de curiosidad. En su biografía inicial quedaron impresos dos nombres legendarios: lo bautizó el padre Carlos Mugica y su padrino fue Rogelio Frigerio, abuelo del saliente ministro del Interior del mismo nombre, socio político y cofundador del desarrollismo junto con Arturo Frondizi. Desde 1993, en pleno menemismo, comenzó su carrera ininterrumpida como funcionario. Su relación con la política parece mucho más natural y menos desabrida que la del núcleo duro de Cambiemos. Punto a su favor.De la mesa chica de conducción de Pro es el único cuya aptitud electoral no se discute y se ha visto reforzada. Mientras Larreta fue el primer jefe de gobierno porteño en ganar las elecciones en primera vuelta por el 55,90% de los votos, Mauricio Macri fue el único presidente desde 1983 que aspiró a la reelección y no pudo conseguirla. María Eugenia Vidal se va derrotada por Axel Kicillof (con el que Larreta mantuvo una reunión razonable), y Marcos Peña, el jefe de Gabinete que dejará de ser el "pararrayos" presidencial en apenas ocho días, pondrá distancia de la política al menos por un tiempo. El Presidente lo sigue venerando como el "joven maravilla" que a los demás (incluso del círculo más cercano) les cuesta reconocer y hasta alienta a que se escriba un libro sobre él. Si alguien se aventura, se expondrá a una tarea tediosa.Larreta volverá a apostar a mucha gestión y a poca o ninguna rosca política (al menos públicamente). El plan para su...

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