El misterioso don de estar vivo

 
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Después de un muy interesante debut con Rompecabezas, la directora y guionista Natalia Smirnoff envuelve de humo y agrega un toque fantástico a su nueva película, El cerrajero, una historia sobre la capacidad para entender la propia vida y hacerse cargo del talento que toque en suerte, por más extraño que sea.

El film, que tuvo su debut internacional en el último Festival de Sundance y se estrenará en la Argentina hoy, comienza con el humo de origen incierto que cubrió Buenos Aires por unos días en 2008. Sebastián (Esteban Lamothe), un cerrajero de 33 años, se entera de que Mónica (Erica Rivas), la chica con la que está saliendo, está embarazada y el bebé puede ser suyo. Tan repentino y misterioso como el humo es el don que Sebastián descubre que tiene: al arreglar una cerradura tiene una revelación sobre la persona que está encerrada del otro lado y no puede evitar decirla en voz alta. Daisy (Yosiria Huaripata Banda), una empleada doméstica a la que le revela una de sus visiones, quiere ayudarlo a desarrollar su don. De pronto, todo a su alrededor se expande, cobra otro significado y no le queda otra opción que lidiar con eso.

"Hay un montón de cosas que para mí son muy difíciles de explicar y que están todo el tiempo dando vueltas -dice Smirnoff sobre su decisión de agregar elementos fantásticos en el film-. Si contamos sólo desde lo cotidiano es muy difícil reflexionar sobre eso de otra manera. Las visiones sirven para descorrerse del realismo que sería tener sólo las escenas de ellos hablando, por ejemplo. Creo que cuando hay determinados sucesos en la vida hay una ampliación de conciencia. Cuando empecé a escribir El cerrajero había pasado lo del humo hacía ocho meses. Por un lado, el humo hace que lo único que uno ve es lo que está en primer plano, no se ve más allá. Justamente lo que le pasa al personaje es que no puede ver en profundidad su vida. Me pareció que el humo también justificaba las visiones porque en tiempos misteriosos puede pasar cualquier cosa."

Buscando una perspectiva distinta, la directora eligió centrar su segunda película en un hombre, aunque lo rodeó de mujeres que lo llevan a descubrir cosas sobre su vida. "El cine tiene la capacidad de que uno se pueda meter en la piel del otro y ampliar más su conocimiento sobre el ser humano. Meterme en la piel de una mujer de 50 años en Rompecabezas cuando yo tenía treinta y pico tampoco era tan fácil. Ahora tengo 42 y ya estoy más cerca. Pero...

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