Martín Fierro, José Hernández

Mirador Nacional

Advertencia. Volver al Martín Fierro es una medida para pensar y actuar el Bi-Centenario. Acccediendo a la sugerencia de Eduardo Alfonso Depetris, se levanta el Canto.

El Gaucho Martin Fierro
Capitulo 1

Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela,

que el hombre que lo desvela

una pena estrordinaria,

como la ave solitaria

con el cantar se consuela.

Pido a los santos del cielo

que ayuden mi pensamiento:

les pido en este momento

que voy a cantar mi historia

me refresquen la memoria

y aclaren mi entendimiento

Vengan santos milagrosos,

vengan todos en mi ayuda

que la lengua se me añuda

y se me turba la vista;

pido a mi Dios que me asista

en una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,

con famas bien otenidas

y que despues de alquiridas

no las quieren sustentar:

parece que sin largar

se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa

Martin Fierro ha de pasar;

nada lo hace recular

ni las fantasmas lo espantan,

y dende que todos cantan

yo tambien quiero cantar.

Cantando me he de morir,

cantando me han de enterrar

y cantando he de llegar

al pie del eterno Padre;

dende el vientre de mi madre

vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua

ni me falte la palabra;

el cantar mi gloria labra

y, poniéndomé a cantar,

cantando me han de encontrar

aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo

a cantar un argumento;

como si soplara el viento

hago tiritar los pastos.

Con oros, copas y bastos

juega alli mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao

mas si me pongo a cantar

no tengo cuándo acabar

y me envejezco cantando:

las coplas me van brotando

como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano

ni las moscas se me arriman;

naides me pone el pie encima,

y, cuando el pecho se entona,

hago gemir a la prima

y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo

y torazo en rodeo ajeno;

siempre me tuve por güeno

y si me quieren probar,

salgan otros a cantar

y veremos quién es menos

No me hago al lao de la güeya

aunque vengan degollando;

con los blandos yo soy blando

y soy duro con los duros,

y ninguno en un apuro

me ha visto andar tutubiando.

En el peligro !qué Cristos!

el corazón se me enancha,

pues toda la tierra es cancha,

y de eso naides se asombre;

el que se tiene por hombre

ande quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiéndaló

como mi lengua lo esplica:

para mi la tierra es chica

y pudiera ser mayor;

ni la víbora me pica

ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje

en el fondo de la mar;

naides me puede quitar

aquello que Dios me dio:

lo que al mundo truje yo

del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre

como el pájaro del cielo;

no hago nido en este suelo

ande hay tanto que sufrir,

y naides me ha de seguir

cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor

quien me venga con querellas;

como esas aves tan bellas

que saltan de rama en rama,

yo hago en el trébol mi cama,

y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan

de mis penas el relato

que nunca peleo ni mato

sino por necesidá

y que a tanta alversidá

sólo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relación

que hace un gaucho perseguido,

que padre y marido ha sido

empeñoso y diligente,

y sin embargo la gente

lo tiene por un bandido.

Capitulo 2

Ninguno me hable de penas,

porque yo penado vivo,

y naides se muestre altivo

aunque en el estribo esté,

que suele quedarse a pie

el gaucho mas alvertido.

Junta esperencia en la vida

hasta pa dar y prestar

quien la tiene que pasar

entre sufrimiento y llanto;

porque nada enseña tanto

como el sufrir y el llorar.

Viene el hombre ciego al mundo,

cuartiándolo la esperanza,

y a poco andar ya lo alcanzan

las desgracias a empujones;

! la pucha, que trae liciones

el tiempo con sus mudanzas!

Yo he conocido esta tierra

en que el paisano vivía

y su ranchito tenía

y sus hijos y mujer...

era una delicia el ver

cómo pasaba sus días.

Entonces... cuando el lucero

brillaba en el cielo santo,

y los gallos con su canto

nos decían que el día llegaba,

a la cocina runbiaba

el gaucho... que era un encanto.

Y sentao junto al jogón

a esperar que venga el día,

al cimarrón se prendía

hasta ponerse rechoncho,

mientras su china dormía

tapadita con su poncho.

Y apenas la madrugada

empesaba a coloriar,

los pájaros a cantar

y las gallinas a apiarse,

era cosa de largarse

cada cual a trabajar.

Este se ata las espuelas,

se sale el otro cantando,

uno busca un péllon blando,

éste un lazo, otro un rebenque,

y los pingos relinchando

los llaman dende el palenque.

El que era pion domador

enderezaba al corral,

ande estaba el animal

bufidos que se las pela ...

y mas malo que su agüela

se hacía astillas el bagual.

Y alli el gaucho inteligente,

en cuanto el potro enriendó,

los cueros le acomodó

y se le sentó en seguida

que el hombre muestra en la vida

la astucia que Dios le dió.

Y en las playas corcoviando

pedazos se hacía el sotreta

mientras él por las paletas

le jugaba las lloronas

y al ruido de las caronas

salía haciendo gambetas

!Ah,tiempos!... !Si era un orgullo

ver jinetear un paisano!

cuando era gaucho baquiano,

aunque el potro se boliase,

no habia uno que no parase

con el cabresto en la mano.

Y mientras domaban unos,

otros al campo salían

y la hacienda recogían,

las manadas repuntaban,

y ansí sin sentir pasaban

entretenidos el día.

Y verlos al cair la tarde

en la cocina riunidos,

con el juego bien prendido

y mil cosas que contar,

platicar muy divertidos

hasta después de cenar.

Y con el buche bien lleno

era cosa superior

irse en brazos del amor

a dormir como la gente,

pa empezar el día siguiente

las fainas del día anterior.

Ricuerdo !qué maravilla!

cómo andaba la gauchada

siempre alegre y bien montada

y dispuesta pa el trabajo...

pero hoy en día...!barajo!

no se la ve de aporriada.

El gaucho más infeliz

Tenía tropilla de un pelo,

no le faltaba un consuelo

y andaba la gente lista...

teniendo al campo la vista,

solo vía hacienda y cielo.

Cuando llegaban las yerras,

!cosa que daba calor!

tanto gaucho pialador

y tironiador sin yel.

!Ah, tiempos... pero si en él

se ha visto tanto primor!

Aquello no era trabajo,

mas bien era una junción,

y después de un güen tirón

en que uno se daba mana,

pa darle un trago de cana

solía llamarlo el patrón.

Pues vivía la mamajuana

siempre bajo la carreta,

y aquel que no era chancleta,

en cuanto el goyete vía,

sin miedo se le prendía

como güerfano a la teta.

!Y qué jugadas se armaban

cuando estábamos riunidos!

siempre íbamos prevenidos,

pues en tales ocasiones

a ayudarle a los piones

caiban muchos comedidos.

Eran los días del apuro

y alboroto pa el hembraje,

pa preparar los potajes

y osequiar bien a la gente,

y así, pues, muy grandemente,

pasaba siempre el gauchaje.

Vení,a la carne con cuero,

la sabrosa carbonada,

mazamorra pien pisada,

los pasteles y el güen vino...

pero ha querido el destino

que todo aquello acabara.

Estaba el gaucho en su pago

con toda siguridá,

pero aura... !barbaridá!,

la cosa anda tan fruncida,

que gasta el pobre la vida

en juir de la autoridá

Pues si usté pisa en su rancho

y si el alcalde lo sabe,

lo caza lo mesmo que ave

aunque su mujer aborte...

!No hay tiempo que no se acabe

ni tiento que no se corte!.

Y al punto dése por muerto

si el alcalde lo bolea,

pues ahí nomas se le apea

con una felpa de palos;

y despues dicen que es malo

el gaucho si los pelea.

Y el lomo le hinchan a golpes,

y le rompen la cabeza,

y luego con ligereza,

ansí lastimao y todo,

lo amarran codo a codo

y pa el cepo lo enderiezan.

Ahi comienzan sus desgracias,

ahi principia el pericón,

porque ya no hay salvación,

y que usté quiera o no quiera,

lo mandan a la frontera

o lo echan a un batallón.

Ansí empezaron mis males

lo mesmo que los de tantos;

si gustan... en otros cantos

les diré lo que he sufrido:

despues que uno está... perdido

no lo salvan ni los santos.

Capitulo 3

Tuve en mi pago en un tiempo

hijos, hacienda y mujer,

pero empecé a padecer,

me echaron a la frontera,

¡Y que iba a hallar al volver!

tan solo allé la tapera.

Sosegao vivía en mi rancho

como el pájaro en su nido,

allí mis hijos queridosa

iban creciendo a mi lao...

sólo queda al desgraciao

lamentar el bien perdido.

Mi gala en las pulperías

era, en habiendo mas gente,

ponerme medio caliente,

pues cuando puntiao me encuentro

me salen coplas de adentro

como agua de la virtiente.

Cantando estaba una vez

en una gran diversión,

y aprovecho la ocasión

como quiso el Juez de Paz...

se presentó, y ahi nomás

hizo arriada en montón.

Juyeron los más matreros

y lograron escapar:

yo no quise disparar,

soy manso y no había porqué,

muy tranquilo me quedé

y ansi me dejé agarrar

Allí un gringo con un órgano

y una mona que bailaba,

haciéndonos rair estaba,

cuanto le tocó el arreo,

¡tan grande el gringo y tan feo,

lo viera cómo lloraba!.

Hasta un inglés zanjiador

que decía en la última guerra

que él era de Inca-la-perra

y que no queria servir,

tambien tuvo que juir

a guarecerse en la sierra.

Ni los mirones salvaron

de esa arriada de mi flor,

fué acoyarao el cantor

con el gringo de la mona,

a uno solo, por favor,

logró salvar la patrona.

Formaron un contingente

con los que del baile arriaron,

con otros nos mesturaron,

que habían agarrao también,

las cosas que aquí se ven

ni los diablos las pensaron.

A mí el Juez me tomó entre ojos

en...

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