Los inicios, el grito y el silencio de un artista zen

 
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Una muestra de pintura para ver con los ojos cerrados. Ésa es la clave de la retrospectiva de Eugenio Cuttica que abrió ayer, con una multitudinaria inauguración, la temporada del Museo Nacional de Bellas Artes. "Dicen los maestros: quien mira hacia afuera duerme; quien mira hacia adentro despierta. Ése es el mensaje que quiero dejar con esta muestra", explica. La de Cuttica es pintura en estado meditativo, contemplativa y zen. "Conecta con el absoluto, lo sublime", dice el artista en una recorrida con LA NACION.

Curada por Pablo De Monte, La Mirada Interior abarca desde los 70 hasta la actualidad, y se organiza en tres núcleos: los inicios, el grito y el silencio. El ingreso es por un campo de trigo de quince metros de largo, de Luna y la abundancia. "Un búho simboliza el vuelo de la sabiduría. Un águila pampeana al pie de una niña devora una serpiente. Es la Argentina. El trigo es el alimento físico y espiritual -explica-. Es como si los argentinos estuviéramos sentados en un cofre de monedas de oro y sintiéramos que no tenemos para comer. Una controversia absurda." La obra es de líneas precisas y los trigos tienen tal definición que parecen pegados.

Le sigue un cuadro totalmente distinto. Cuttica cubre con espuma de poliuretano superficies monumentales y sobre esas espesas manchas de color traza figuras. Así es su trayectoria: gritos y silencios. Abstracción y figuración. Manchas y líneas. Se mantiene constante la afición del autor por las metáforas, mitos y etimologías, y una vocación mística por la pintura. Un estado de meditación permanente. "La pintura es un camino iniciático, donde se deja atrás una vida anestesiada para abrir los ojos: para saber quiénes somos. Es atravesar un espejo, un autoanálisis para encontrarse con uno mismo y volverse amigo", define.

En una vitrina se ven dibujos de sus 16 años. Entre ellos hay un cuadro de Fernando Fader que eligió del patrimonio del museo. "Pinta figurativo con el tratamiento de un cuadro abstracto. Yo rescato cinco centímetros cuadrados de Fader y lo amplifico a seis metros por tres", cuenta. Los 80 son una etapa expansiva. "Pinturas que surgen de las emociones. Genero un accidente a propósito para evitar el virtuosismo, porque considero que la habilidad no es arte, sino estar alerta a lo que sucede. Cuando las cosas se vuelven demasiado fáciles, se transforman en un arte frívolo."

Cuttica entiende sus obras como aquello que hace visible lo invisible. "Ése es mi aporte. Soy un vehículo...

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