Gran Hermano, la experiencia de un casting eterno

 
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Un jugador de fútbol y la hermana de Mauro Icardi. Una supuesta ex novia del arrepentido Leonardo Fariña y dos gemelas. Un tucumano entusiasta del folklore y un correntino que confiesa no haber tenido experiencia sexual alguna. Un nudista y una chica con experiencia en fotografía erótica. Un camionero y el hermano de un tenista famoso. Todo es casting en la vida del Gran Hermano (GH), que se inició anteanoche por América. Si en esta especialidad todavía tan desvalorizada (¿para cuándo una categoría de mejor casting en los grandes premios de cine y TV?) el decano de los reality shows y todas las experiencias que identifican al género más nuevo de la pantalla chica no existirían. Y sin ella, tal como lo demuestra el armado del elenco de la versión argentina 2016 de GH, tampoco existiría la decisiva metamorfosis que mantiene con vida al programa desde su aparición en Holanda, allá por 1999.

Gracias al casting, lo que pudo ser en sus orígenes nada más que un experimento sociológico, dejando ante las cámaras durante 24 horas a un grupo de adultos voluntariamente dispuestos a renunciar a toda privacidad, hoy funciona como un espectáculo televisivo llevado a su máxima expresión. Apenas instalados en la "casa", los nuevos cobayos del laboratorio de GH no sólo inmolan su intimidad en el altar exhibicionista de la TV. El contrato casi fáustico que firman no sólo incluye renuncias, sino también aceptaciones. Cada uno de estos "hermanitos" avalan desde el vamos el derecho a disponer de su imagen, a marcarles la cancha, a organizar sus desplazamientos, a estimular sus estados de ánimo. El laboratorio de GH es, sobre todo, un escenario.

Y en ese escenario suele haber más ficción que realidad. Una representación que los participantes tienen muy calculada, elaborada y decidida a llevar a cabo para...

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