Faltan dólares, sobra ambición

 
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Los convocados escuchaban en silencio. Era la mañana del martes pasado, participaban del encuentro ejecutivos de las telefónicas, fabricantes de teléfonos móviles y representantes del software, y Débora Giorgi había vuelto a sorprenderlos: acababa de notificarlos de que, en poco tiempo, los smartphones producidos en Tierra del Fuego portarían aplicaciones de organismos públicos, ministerios y temáticas que dispondría el Poder Ejecutivo. Sin aviso ni anestesia, algo así como un plan de aplicaciones para todos y todas.

Algunos invitados estaban en realidad en otra cosa. Los carcomía una promesa que , verdadero regulador del sector, les había hecho diez días antes sobre una ampliación del cupo para importar, fijado hoy en 30 millones de dólares semanales. Pero el ministro de Economía no volvió a comunicarse con ellos y en eso están desde entonces, comiéndose las uñas. De ahí que el encandilamiento de Giorgi con la incorporación de aplicaciones a los teléfonos móviles los encontrara distraídos, pendientes de cuestiones más importantes. Sabían, por otra parte, que nada relevante podía decidirse en la cartera de Industria. El avance de Kicillof en el Gabinete es tal que hasta cerca de Giorgi se abocan últimamente a tareas de inteligencia casera: llaman a empresarios y preguntan qué novedades pueden estar gestándose en el Palacio de Hacienda, de cuyas reuniones son a menudo excluidos.

¿Pakapaka obligatorio en tabletas y teléfonos? ¿Fútbol para Todos? ¿6,7,8? ¿El último disco de Copani? Los empresarios empezaron a entender y a comentar entre murmullos. De repente, alguien preguntó: "¿Y quién va a pagar todo esto?". Giorgi sonrió y, en una emulación gestual de Cristina Kirchner, estiró el cuello y buscó con la cabeza. "Bueno, a ver, ¿dónde están las telefónicas? Pueden ser ellas... veremos. Por ahí el Gobierno también quiere aportar algo..."

Es evidente que, pese a los impulsos gramscianos de la ministra de Industria, los desvelos de los hombres de negocios son bastante más elementales. Y coinciden en algún punto con los de Kicillof: la falta de dólares los complica cada vez más. "¿Por qué no liberás aunque sea las importaciones de los autos que están trabados, si nuevos no van a llegar?", le pidió en estos días al jefe del Palacio de Hacienda Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto. La inquietud tenía motivos meteorológicos: el granizo acababa de destrozar parte de la flota que esperaba en el puerto de Zárate la aprobación de divisas para...

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