Otro efecto del desalojo en el predio de Lugano

Esta vez, parece que la tercera es la vencida. En la Casa Rosada aseguran que los policías federales dejarán de patrullar las calles de las comunas en las que ya está desplegada la Policía Metropolitana, que ahora sí se cumplirá aquello que ya habían comunicado otras dos veces en los últimos seis meses. El que no cuenta con suficientes recursos humanos como para cubrir eficientemente aquel retiro y aspira a retrotraer la situación a fojas cero a través del diálogo.El contrapunto desnuda una pelea política de vieja data entre la administración nacional y la porteña en torno, específicamente, a la seguridad, y a contramano de los recientes acercamientos entre ambos en otras áreas.Las consecuencias y los costos políticos del desalojo del barrio Papa Francisco, el predio tomado a principios de año en Villa Lugano, y las acusaciones cruzadas por la acción o inacción de una y otra fuerza empujan una decisión que, esta vez, parece definitiva. Una decisión que, además de tensar el vínculo entre la Nación y la Ciudad, afectará a los vecinos porteños, los reales destinatarios del servicio de prevención urbano.La pelea política y la difícil coexistencia de ambas fuerzas en territorio porteño, además, se inscribe en un contexto determinado por una deuda de más de una década: el traspaso del servicio de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal (las comisarías, sus recursos y su personal) a manos de la Ciudad, que debió ser la consecuencia lógica de la...

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