Derechos Humanos, Estado Nación, globalización e inmigración. La racización de los inmigrantes extracomunitarios. El caso italiano

Autor:Fernanda Santarrone
Cargo:Lic. en Comunicación Social
Páginas:235-261
 
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Derechos Humanos. Breve reflexión introductoria.
Si bien a mediados del siglo XIX se instaura el debate en tor-
no a que deben ser las naciones y no los Estados los verdaderos su-
jetos de la comunidad internacional, son las consecuencias de la
Primera y Segunda Guerra Mundial (sobre todo las de esta última)
las que generan un cambio decisivo: el desarrollo de una doctrina
giusnaturalistica en materia de Derechos Humanos.
Tras la Primera Guerra Mundial tienen lugar dos tentativas,
ambas fallidas, de proclamar a nivel internacional el principio de
igualdad entre los individuos. El primero es el de 1919, en ocasión
de la elaboración del Pacto de las Naciones, y el segundo, en 1933,
con el rechazo de la discriminación racial. Sin embargo es bajo el
nefasto padrinazgo de las consecuencias de los crímenes nazis que
toma impulso la idea de la defensa de las libertades fundamentales,
abriéndose así definitivamente el debate.
No obstante al inicio las posturas en relación a la temática de
los Derechos Humanos parecían gozar de cierta unanimidad en el
contexto internacional, poco a poco fueron emergiendo tendencias
diversas que se sustentaban, sobre todo, en la diversidad de ideas
políticas, sociales y materiales en cuanto a las libertades individua-
Derechos Humanos, Estado-Nación,
globalización e inmigración.
La racización de los inmigrantes extracomunitarios.
El caso italiano
Fernanda Santarrone
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les, el rol de los Estados y el énfasis en determinados derechos. Se
trató de oposiciones que, a pesar de todo, contribuyeron a la de-
mocratización de las relaciones internacionales (Cassese, 1999).
La diversidad de las tendencias respondía a los imaginarios de
los dos grandes bloques en los que se encontraba escindido y en-
frentado el mundo por entonces: el bloque occidental (básicamen-
te Estados Unidos y Europa) y el bloque de los países de la Euro-
pa Socialista, cuyas posiciones compartieron, en temas importan-
tes, los países del Tercer Mundo.
Las divergencias aparecen plasmadas en los debates que dieron
lugar a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (el
10 de diciembre de 1948) y los Pactos del ’66: el Pacto Internacio-
nal sobre los derechos económicos, sociales y culturales y el Pacto
Internacional sobre los derechos civiles y políticos.
En el caso del bloque “occidental” el énfasis estuvo puesto en
lograr la proclamación mundial sólo de los derechos civiles y polí-
ticos y, únicamente, bajo una óptica sustancialmente individualista
(Cassese, 1999). Por el contrario, el bloque “oriental” insistió y logró
la incorporación, también, de los derechos económicos y sociales.
La Declaración y los Pactos sucesivos reflejan la importancia
que adquieren los derechos de la persona (a la igualdad, a la vida, a
la seguridad, etc.); los derechos que atañen al individuo en relación
al grupo social del que es parte (libertad de movimiento, de priva-
cidad en la vida familiar, de tener una nacionalidad, etc.); los dere-
chos políticos (libertad de pensamiento y reunión, derecho de ac-
ceso al gobierno, etc.); y, finalmente, los derechos económicos y
sociales (referentes al trabajo, a la educación, a la sanidad, etc.).
No obstante la Declaración Universal constituya un intento
por construir un texto sobre los Derechos Humanos a nivel inter-
nacional que contemple la heterogeneidad, la diversidad y la mul-
ticulturalidad, las diversas concepciones filosóficas, culturales, re-
ligiosas y políticas de cada Estado dificultan en algunos casos la
evaluación en relación a su respeto o a su violación. Así como, pa-
radójicamente, en casos en que la violación de los derechos ha sido
más que explícita, la Comunidad Internacional no ha intervenido
sino ocultado o amparado silentemente las vejaciones.

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