Crece la tensión entre Macri y el Papa

 
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De Mauricio Macri se pueden decir muchas cosas, menos que carece de audacia. En días en que se manifestaba preocupado por las versiones que indican un clima de tensión entre él y el papa Francisco, decidió habilitar el debate sobre el aborto en el Congreso. Ese tema, que borra en la sociedad las diferencias políticas y hasta ideológicas, abroquela en su contra a la Iglesia Católica más que ningún otro asunto, incluidos el matrimonio igualitario y el divorcio. Las divisiones que se producen en la ciudadanía provocan un efecto contrario en los religiosos católicos: unen en una misma posición, férreamente opositora, a conservadores y progresistas, a bergoglianos y antibergoglianos. Fuentes seguras del Vaticano y de la Iglesia argentina aseguraron que aquel clima de tensión entre el Presidente y el Papa se agravó después del anuncio que le abrió las puertas al aborto. La decisión de Macri afecta incluso al Papa dentro de la Iglesia universal, porque podría sugerir que no tiene influencia en su propio país.

La relación no venía bien. El Papa había anunciado ya a través de la Conferencia Episcopal que no visitaría el país durante este año. Ese anuncio conllevaba otra novedad: Francisco no pisará la Argentina durante el primer mandato de Macri (el único mandato seguro que este tiene). El año próximo habrá elecciones presidenciales y ningún papa viaja a un país en medio de un proceso electoral, mucho menos al país del actual papa.

El gobierno de Macri relegó una iniciativa para acercarse al Pontífice, tal vez porque desconfiaba de los interlocutores argentinos de Francisco. O, quizá, porque nunca estuvo seguro de que podría enhebrar una relación fluida, fácil y cercana con el Pontífice. La relación quedó en manos de los extremos: de las declaraciones antipapales e inoportunas de Jaime Durán Barba y de las opiniones antimacristas e ideologizadas de Juan Grabois, quien, como no lo había hecho nunca antes, desliza ahora que interpreta al Papa.

La Iglesia optó por un tono moderado en sus declaraciones públicas, porque no le pareció correcto pedir la censura de un debate. Tanto la conducción episcopal como el arzobispo Víctor Fernández, rector de la UCA y el prelado de más confianza del Papa, se limitaron a reclamar una discusión seria, razonable y profunda en el Congreso. Sobresalió solo el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, con una durísima crítica a Macri, de quien dijo que no sabe hacer la señal de la cruz. También se preguntó por qué no se pide...

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