Los complejos desafíos de una Iglesia que será mirada como nunca

 
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CASTEL GANDOLFO, ITALIA.- Incluso antes de que las pesadas puertas de Castel Gandolfo se cerraran anoche, poniendo fin al papado de Joseph Ratzinger, una pregunta acuciante aparecía una y otra vez sobre los labios de 1200 millones de creyentes: ¿cómo será la Iglesia Católica después de Benedicto XVI?La respuesta, naturalmente, estará contenida en la personalidad de su sucesor, a quien el primer papa emérito de la historia calificó de "necesariamente vigoroso" como para poner fin a "rivalidades y divisiones".Pero para cualquiera que sea el elegido, los desafíos serán los mismos. El clima previo al cónclave y los rumores que alimentan la próxima reunión del Colegio de Cardenales no hacen más que subrayar la urgencia de una nueva forma de gobernabilidad de la Iglesia para hacer frente a los problemas cruciales que aquejan a la Iglesia actual: secularización, pluralismo religioso y crisis de vocaciones, sin hablar de las dificultades de la institución para hacer aceptar su visión de la familia y su concepción de la moral sexual.El próximo pontificado, más que ningún otro, deliberará bajo la lupa de una opinión pública y de un mundo mediático cada vez más exigentes en materia de transparencia. Una cultura que sigue siendo balbuceante en una Iglesia atrapada con frecuencia en sus contradicciones entre el ideal de sus enseñanzas y la práctica de algunos de sus representantes.De la adecuación entre esos dos polos contradictorios depende que la Iglesia Católica del futuro consiga hacerse escuchar en los temas que superan el círculo de sus propios creyentes, como, por ejemplo, cuando se trata de su mensaje sobre la doctrina social, la acogida de extranjeros o sus advertencias contra un capitalismo sin ningún límite.Los especialistas conjeturan que esa profunda "reforma", para llamarla de algún modo, debería comenzar por la Curia. Hace más de tres décadas que el gobierno ultracentralizado de la Iglesia vive su vida, produciendo, al ritmo de sus ambiciones y oportunidades, "baronías" e incluso "vicepapas"."Hoy la compartimentación es de rigor. Casi siempre, la mano derecha ignora lo que hace la izquierda", declaró hace poco el cardenal Walter Kasper, ex responsable del ecumenismo en la Curia Romana.Para resolver ese problema, será fundamental la elección del próximo secretario de Estado, el cardenal encargado de asuntos políticos y diplomáticos de la Santa Sede.En un Vaticano aún dominado por una fuerte presencia italiana y por el traslado de querellas internas de la...

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