Blas Chapay: caudillo civil y primer maestro de Loreto

Autor:Josè Arnaldo Gòmez
RESUMEN

Don Blas Chapay nació en Corpus en 1787, posiblemente el 3 de febrero día de San Blas

 
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Don Blas Chapay nació en Corpus en 1787, posiblemente el 3 de febrero día de San Blas. Hijo del cacique Don Eximio Chapay y de su segunda mujer, Doña Máxima Oquendá, hermana o prima de Don Sebastián Oquendo, Corregidor de Corpus, al momento de la expulsión de los jesuitas, y de destacada actuación en la fundación de San Francisco de Paula.

Don Blas no fue cacique, el cargo lo heredara como era costumbre el primogénito su hermanastro Juan José, no obstante ello siguió perteneciendo a esa pequeña elite o nobleza conformada por la familia de los caciques. Estos, a partir de la Real Cedula del 12 de marzo de 1697, había sido declarados Hidalgos de Castilla, con derecho a aspirar a los distintos cargos en los cabildos indígenas, e incluso un segunda Real Cedula, la del 21 de febrero de 1725, confirmaría esa prerrogativa, eximiéndoles del tributo y otorgándoles el título de Don, entre otras cosas.

Resulta evidente que por sus condiciones y nacimiento recibió una esmerada educación, la cual le permitió leer con fluidez y escribir correctamente tanto el guaraní como el castellano, con una hermosa caligrafía, habilitándolo de esta manera para el desempeño de destacados cargos civiles.

Un documento de fines de 1813 indica que ya para esa fecha ejercía el cargo de Secretario del Cabildo de Corpus, función que siguió desempeñando en 1816, cuando en tal carácter se notificó el 25 de septiembre, de la Circular por la cual el Comandante de Misiones Andrés Artigas, solicitaba a los distintos cabildos misioneros azufre para instalar una fábrica en Concepción. Pero sin lugar a dudas lo más destacado es su participación, guiando una de las columnas de misioneros guaraníes paranaenses, que pudieron salvarse de caer prisioneros, tras la destrucción y saqueo de sus pueblos a consecuencia de las invasiones portuguesas-paraguayas de 1817, y buscaron refugio en sus antiguas estancias situadas entre el Iberá y el Santa Lucía.

Gracias a los testimonios que la tradición popular supo conservar, principalmente los de doña Ana Chapay, quien retuvo en su memoria lo que escuchara de su padre don Blas Chapay, y de otros descendientes de los primeros pobladores de Loreto recogidas a principios del siglo pasado, por el docente Antonio F. Ramírez, se conocen expresivos detalles de esa heroica marcha, que forma parte de lo que se recuerda como el "Exodo misionero de 1817".

"Marchaban con las imágenes en andas; portaban sus ropas y demás enseres, alhajas, tesoros, en maletas, y...

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