Angélica Gorodischer: 'El escritor que me cuenta lo que pasa alrededor me aburre'

 
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ROSARIO.- Aunque nació en Buenos Aires en 1928, Angélica Gorodischer se considera rosarina. "Vinimos a vivir a Rosario cuando tenía siete años", cuenta. Quizás por ese motivo los organizadores de la Feria Internacional del Libro de Rosario la eligieron para inaugurar el regreso de la Feria a la ciudad. El viernes pasado conversó con Patricia Suárez, otra escritora rosarina (reside en Buenos Aires) y el editor del sello Soquete Terrorista, Lisandro Murray, en una mesa en su homenaje. "Me pareció un poco exagerado, pero si ellos lo decidieron así, debe estar bien. Si es por charlar, a mí me encanta", dice. El Goro, su esposo, comenta desde el pasillo: "Ahora ya no la voy a poder tutear más".

Su primer libro, que ganó un concurso en 1965, fue Cuentos con soldados. "Por eso les recomiendo a los escritores que participen de concursos, que manden. ¿Para qué ir penando por las editoriales?", sugiere. Tiene una obra narrativa tan vasta como destacada. Uno de sus libros de cuentos más recientes, Las nenas, reúne historias protagonizadas por chicas insumisas. El último fue Coro; según ella, en los cuentos de esos volúmenes se advierten rastros de otros textos, "de algo que merecía ser escrito en su momento". La capacidad de Gorodischer para imbuir los relatos del perfume del aire de una época está intacta.

Kalpa imperial, una de sus obras cumbre de fantasía y ciencia ficción, fue traducida al francés recién en 2017 y premiada en el Festival Imaginales de Mundos Imaginarios hace pocas semanas. Publicada en 1983, aún se lee como una de las mejores alegorías políticas sobre los efectos del poder en las relaciones humanas. "Se tradujo en Francia el año pasado y la premiaron. Fue muy emocionante. Es una distopía que todavía tiene actualidad; no es exactamente una novela de ciencia ficción".

-¿Por qué elegiste escribir ese tipo de ficciones en un país como el nuestro, donde prevalece la literatura realista?

-Porque a mí el realismo me aburre infinitamente. No sé si he sido clara. Las grandes obras literarias, desde el Quijote hasta los cuentos de Borges, no tienen nada que ver con el realismo. Yo no sé qué es el realismo, porque el mundo y la vida no son realistas. El realismo me cansa también como lectora. Cuando leo dos o tres páginas de una novela social o realista, me dan ganas de tirar el libro a la basura. A alguien le gustará. Si el libro no me abre a otra cosa, para bien o para mal, para el encanto o el rechazo, no me interesa. El escritor que se...

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