El veto a los 'trapitos'

 
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El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires ha vetado la ley 4113, aprobada por la Legislatura en diciembre pasado, que reglamentaba la actividad de quienes cuidan automóviles en la vía pública, usualmente conocidos como "trapitos".Aunque hayan sido loables los motivos que llevaron a crear un sistema de permisos para ser otorgadas licencias para cuidar automóviles a personas de bajos ingresos, y sin que sea necesario discutir si los cuidadores son efectivamente ciudadanos carenciados o que responden a verdaderas empresas organizadas para recaudar a través de ese servicio, el veto del gobierno porteño debe ser elogiado.La ley disponía que la retribución a estas personas debía ser voluntaria e, incluso, establecía penas para quienes exigieran dinero a los propietarios de los vehículos. Pero la norma, tal como ha sido concebida, pecaba, al menos, de dos excentricidades. En primer lugar, simulaba que las licencias se otorgarían para una actividad que, en principio, sería altruista, ya que establecía que el cuidador no tendría derecho a exigir nada, lo que raya casi con la hipocresía a la luz de lo que cualquier automovilista suele sufrir diariamente. En segundo lugar, disponía sanciones que, con toda seguridad, nadie aplicaría jamás.La recuperación del espacio público comienza por su valoración como tal. Los vecinos de Buenos Aires, que ya contribuyen para mantenerlo a través de sus impuestos y tasas, no deben ser obligados a sostener un organismo administrativo con el objetivo de legitimar una actividad que se presta inevitablemente a dudosas prácticas.Pensar que los cuidadores que llevan a cabo prácticas extorsivas dejen de hacerlo porque existan licencias habilitantes es de una ingenuidad tal que asombra.Lamentablemente, persiste la creencia en muchos legisladores de que un problema desaparece cuando se dicta una ley y se organiza un registro, se crea una oficina y se nombran funcionarios.Hace una década, una ordenanza municipal se había ocupado de los paseadores de perros con un detallismo exasperante, pues había dispuesto incluso la cantidad máxima de animales que se permitía llevar a un solo individuo y hasta se había aprobado el contenido del curso de capacitación que debían realizar los aspirantes a obtener la licencia. La realidad muestra el...

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