Tras la clausura, ¿qué futuro tiene el autódromo porteño?

 
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El autódromo Oscar y Juan Gálvez tocó fondo. Aquella frase que se tomaba como una exageración ("un día vamos a llegar y no vamos a poder entrar") se hizo realidad. El 20 de julio quedará entre esos días que marcarán la memoria colectiva del automovilismo nacional, al impedírsele ingresar a la multitud que aguardaba para presenciar los 200 Kilómetros del Súper TC2000, ya que la faja de clausura inhabilitaba el predio de Lugano.Inspecciones, faltas de seguridad, observaciones y la intervención de la Dra. Celsa Victoria Ramírez, fiscal ante la Primera Instancia del Fuero Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad de Buenos Aires, derivaron en una situación tan sorprendente como inesperada por el momento en que se dio (se fajó el sábado por la noche), aunque para nada asombrosa en función del magro estado en el que se encuentra el legendario complejo automotor, construido en 1952 bajo la presidencia de Juan Domingo Perón por pedido de Juan Manuel Fangio y de Froilán González.¿Cuál es el futuro de este autódromo que en su momento fue referencial en el automovilismo internacional y que ahora no soporta una fecha vernácula? La última gran remodelación que se efectuó en el predio fue para 1995, cuando la Fórmula 1 regresó a la Argentina y permaneció hasta 1998. Desde entonces, no hubo grandes inversiones, más allá del mantenimiento, y el estado del autódromo se deterioró. Esa decadencia se padeció en cada visita de las grandes categorías nacionales, con jornadas con los circuitos inundados, el pavimento en mal estado y otras deficiencias edilicias, tal como se objetó en la inspección realizada el 11 de julio. "Problemas con las tribunas, un paredón que debe apuntalarse, instalaciones eléctricas irregulares, alambrados perimetrales, nichos hidrantes inutilizados, entre otras condiciones estructurales que hay que mejorar", describió Juan José Gómez Centurión, jefe de la Agencia Gubernamental de Control porteña."Nosotros somos una mosca blanca en el automovilismo argentino, porque la mayoría de los autódromos nacionales están subsidiados por el Estado. Nosotros pagamos cánones y está bien que sea así, pero la realidad indica que hay demasiados autódromos. En ningún otro país del mundo pasa eso. Y eso atenta contra el mantenimiento de los autódromos... Se hace difícil así", comentó en su momento a la nacion el ingeniero Carlos Soriano, titular de la empresa concesionaria Autódromo Ciudad de Buenos Aires SA.Es cierto. Los autódromos no son rentables. Es la "pata...

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