Testimonios íntimos: recuerdos del amigo Bioy

 
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Algunos seres humanos consiguen resucitar indefinidamente a medida que se alejan de su propia muerte. Si la literatura es un acto de afirmación, el género del diario ofrece la promesa de enfatizar la inmortalidad., que hoy habría cumplido cien años, sucumbió también a la tentación de un cielo sin olvidos. Tras su muerte, el 8 de marzo de 1999, su obra memorística se reveló tan vasta como su ficción y reconfirmó su vigencia.Desde 1932, el autor de La invención de Morel lo registró todo. Unas 20.000 páginas que comenzó a seleccionar antes de morir. Una parte de ese descomunal volumen fue condensada en Descanso de caminantes (Sudamericana, 2001); abarca de 1975 a 1989 y sus 500 páginas son un testimonio de sí mismo, su familia, amigos y escritores. Pero fue Borges (Destino/Planeta, 2006), de 1663 páginas, sobre los años 1947-1989, el libro que sentenció su más rotunda resurrección. Al publicarse en forma póstuma, se evitó las polémicas que desató la obra, por la que María Kodama declaró: "Bioy es el Salieri de Borges"; lo ubicó al nivel de un asesino, aceptando la leyenda apócrifa sobre la muerte de Mozart.En las antípodas de la corrección -con vestigios de misoginia, burlas al habla en Barrio Norte, desdén por otros escritores-, el libro excede su molde, pues su sustancia no es la vida del diarista. La convención de género estalla por la innovación: la naturaleza del sujeto que cuenta (un escritor) y el objeto que se narra (otro escritor).Ingenioso y cruel, liviano y sagaz, Bioy se reproduce a sí mismo en todas las formas de su ser sin rastros de inocencia. Sobre Kodama, adjudica a Borges: "Estoy siempre deseando estar con ella y, cuando estamos juntos, deseo que pase el tiempo de una vez y se vaya". La obra de Sabato: "Modestos productos de su mente activa y mediocre".Al igual que un archivo, el valor de un diario reside en que no estará atado sólo al pasado que refiere, sino al futuro; es en ese tiempo cuando se sabrá la valía de lo registrado.Bioy tenía, acaso, la condición excluyente para seguir un diario: una desconsolada aflicción por la idea de su desaparición (la tristeza de la muerte es que no se verá la luz al día siguiente). Quizá por ello desatendió un consejo: "[Borges] me asegura que es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas".Desafiando también una convención, la de la forma de la entrevista, se reproducen en esta página testimonios de personas...

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