Una tendencia con espíritu comunitario

 
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Siempre hubo distintos motivos para hacerlo. Recreación, refugio, protesta, científico o educativo. Y también existieron siempre distintas modalidades y predios para instalarse. En una reserva natural delimitada, en la playa, en el bosque, en la calle o en la montaña. Hay costumbres que se conservan, como el espíritu comunitario tan propio de la actividad, y otras que cambian, a tono con los tiempos modernos.

Una nueva idea llegó con el glamping, los campamentos cinco estrellas que surgieron hace algunos años en Europa, donde junto con la premisa del contacto con lo natural se suma el confort. En la Argentina hay pocos ejemplares, aunque no se trata de un fenómeno aislado a nivel mundial.

Los campamentos de lujo nacieron en África como parte de los largos y extenuantes safaris. Aquellos que viajaban a tierras lejanas no querían resignar las comodidades a las que estaban acostumbrados y comenzaron a llevarlas con ellos. Así nacieron los primeros glampings, que, básicamente, eran tiendas de campaña acondicionadas con todo el lujo. Después comenzaron a surgir nuevas versiones de esta propuesta, adaptadas a la característica de cada lugar: desde casas árbol en España, los tipis -esas tiendas cónicas cubiertas con pieles de bisonte, en Texas-, hasta tráileres de lujo en California.

El primero en América del Sur es el de Chile, en el Parque Nacional Torres del Paine, llamado Ecocamp. Hace unos cuatro años sumó la primera versión argentina de glamping: el Adventure Domes, domos geodésicos frente al glaciar Perito Moreno. Casi en simultáneo llegó la versión uruguaya en La Pedrera, llamado Pueblo Barrancas, y hace ya dos años que existe Alterra, en la costa atlántica bonaerense, que tuvo reservas completas durante el verano.

En las terrazas del shopping

Sin montar la carpa...

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