Síntomas inquietantes de un país de película

A Mauricio Macri, la información que le dio su ministro de Cultura, Pablo Avelluto, le encantó: "Presidente, he comenzado el ajuste por dentro".

El funcionario no se refería al organismo que comanda, que ya bajó su planta de empleados de 4000 a 3000. Hablaba de otro tipo de cirugía, más personal, la bariátrica, que le hicieron para dejarle tan solo un 10% de su estómago, y empezar así a desprenderse rápidamente de su récord de peso (142 kilos). Quienes lo ven comer por todo almuerzo una sopa líquida de verduras elaborada por su propia madre, y que porta en un termo, pueden pensar que al ministro se le cerró el estómago por ciertos últimos malos ratos.

Es que en el Incaa, el instituto del cine, organismo descentralizado que depende de Cultura, sucedió lo que cierta prensa rotuló como el "atrincheramiento" de un gerente acusado de consentir irregularidades por más de seis millones de pesos. El funcionario tiene 75 años, por lo que podría estar jubilado hace ya una década, pero por ahora está suspendido por treinta días y devuelto a su cargo raso, en tanto la Justicia aclara qué grado de responsabilidad pasiva o activa pudo tener en los ilícitos descubiertos.

Cómo será la influencia del personaje en cuestión que hasta un célebre director de cine, hoy gran militante del macrismo en las redes sociales, intentó sacar la cara por aquel y desde Cultura debieron recordarle que "la corrupción en el Incaa vale igual que la del Mercado Central, solo que aquellos no son tus amigos".

Otra investigación del ministerio ya está siendo analizada en la Oficina Anticorrupción. Se trata de la asignación de recursos para reformas y aprovisionamientos de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), que depende del Incaa. Las erogaciones fueron por más de 44 millones de pesos y abarcaron 360 contrataciones, de las cuales 107 resultaron adjudicadas a la empresa Place International Trading, en tanto que otras 112 correspondieron a Dirección y Proyectos S.A. El representante técnico del Incaa, con injerencia en la selección directa de estos proveedores -créase o no- es, su vez, accionista de ambas sociedades.

Estos temas, por lo visto, no interesan demasiado a los periodistas con virtuales "tiempos compartidos" en los festivales internacionales a los que están abonados, invitados por el Instituto del Cine desde hace años. Callar si conviene es otra forma de supervivencia nefasta típicamente argentina.

El Incaa es una caja negra...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba