Simpatía y empatía frente a la crisis

 
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Las reglas que nos gobiernan no fueron pensadas para dar respuesta a los distintos escenarios que traerá consigo una epidemia sin fronteras, de alcance global. Ellas fueron diseñadas tomando la normalidad como regla y la singularidad como excepción. Hoy la situación es exactamente la opuesta. La incertidumbre y la imposibilidad para anticipar el futuro caracterizan un tiempo sin precedente, que exige respuestas basadas en la cooperación mutua.Contratar supone acordar sobre relaciones de intercambio desarrolladas según los hechos que las partes anticipan que sucederán. En diversas dimensiones y múltiples escalas se ordena la vida social dando por descontado un cierto cálculo sobre lo que ocurrirá.Prueba de ellos son las nociones de caso fortuito y fuerza mayor que nuestro Código Civil identifica como aquello que no puede preverse o que, aun habiendo sido previsto, no puede evitarse. Ese principio descansa en la posibilidad de diferenciar lo que regularmente tiene lugar de aquello que no puede ser anticipado.Frente a un fenómeno tanto imprevisible como eventualmente irresistible, una infinidad de personas no tendrán más remedio que incumplir con lo pactado. Una pandemia como la que la humanidad enfrenta pareciera ser mucho más que una situación de fuerza mayor. No hay solo unos pocos hechos que escapan a la predicción. La falta de certeza es el denominador común y sobreponernos a ella, el mayor desafío.Una pregunta, entre tantas que se nos plantearán en los días venideros, será cómo influirá esta situación en los contratos de diversa índole y naturaleza en curso, dado que, obviamente, se verán afectados todos ellos.Hace pocos días, se difundió que el contrato de un futbolista en España había sido rescindido; esto es, dejado sin efecto, esgrimiéndose para ello causa de fuerza mayor fundada en los efectos del coronavirus sobre el deporte.En...

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