El show de los arrepentidos sin pasado

 
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Los vecinos de Puerto Panal sonríen con sorna cuando se les pregunta por los allanamientos de la semana pasada. Dicen que ese club de campo, destino apacible de los fines de semana de Julio De Vido, estaba demasiado advertido como para que la iniciativa judicial se topara con algo. Sospechan de todo, hasta de la guardia del predio, familiarizada desde hace años con el ex ministro de Planificación. Ese conglomerado inmobiliario de Lima, Zárate, ha dejado ya de ser un reducto silencioso. Hay nuevos inquilinos, no sólo hombres de negocios o ejecutivos de alto rango, y casi a ninguno le molesta ser visto. Por ejemplo, en la casa más sofisticada, sobre las barrancas que dan al Paraná y con el jardín más extraordinario de todos, vive Fabián De Souza, socio de Cristóbal López. La identidad del verdadero dueño de ese inmueble, que los curiosos del barrio atribuyeron en un principio a Máximo Kirchner, a quien veían habitualmente entrar y salir, tampoco está tan clara. Una investigación de la revista Noticias reveló en 2014 que las expensas llegaban a nombre de Osvaldo Sanfelice, socio del diputado.

Son cuestiones que, si vienen al caso, deberá dilucidar el juez Luis Rodríguez, a cargo de la causa sobre supuesto enriquecimiento ilícito de De Vido y cuyos allanamientos se extendieron el viernes de la semana pasada no sólo a los dos domicilios del ex ministro, sino también a la casa de más de 1000 metros cuadrados que Daniel Muñoz, secretario privado de Néstor Kirchner que murió el último 25 de mayo, tenía en Saavedra, Capital Federal.

El universo De Vido es en realidad un tema explosivo para la Justicia: ha puesto en guardia a gran parte del sistema político, incluidos miembros del Partido Justicialista y unos cuantos empresarios de buena reputación. Y parece un asunto difícil de eludir. "Nadie va a contar que tiene un agujero en la media", graficó esta semana Adrián Werthein, presidente del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), consultado sobre las inquietudes al respecto de algunos de sus pares. Werthein asumió el miércoles, durante un almuerzo en el hotel Alvear, una catarsis delante de varios de los más encumbrados: "No somos todos lo mismo", planteó después a la prensa. Venía de admitir en su discurso que los empresarios habían sido permisivos, indolentes y hasta conniventes con el kirchnerismo, pero insistió en que él no se sentía identificado con "estos señores", entre quienes señaló...

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