Sentencia Nº 32753 de Superior Tribunal de Justicia de la Pampa, 2018

Emisor:Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de la Pampa (Argentina)
Estatus:Publicado
Número de sentencia:32753

FALLO Nº 927

SIRI, E.A.

Legajo nº 32.753, caratulado: “Ministerio Público Fiscal c/S., E.A. s/estafa”

General P., mayo 11 de 2018.

VISTO, OÍDO Y CONSIDERANDO:

  1. El día 4 del corriente mes y año, en la sede de la Audiencia de Juicio de la Segunda Circunscripción Judicial, con la actuación unipersonal del suscripto, se celebró la audiencia de debate de la causa del rubro, seguida a E.A.S., D.N.I. nº 22.386.211, nacido el 17 de julio de 1971 en San Martín, provincia de Buenos Aires, hijo de J.C. y de Z.B.P., con último domicilio en calle E.P. nº 2.131 de San Martín, provincia de Buenos Aires.

Intervinieron, en representación del Ministerio Público Fiscal, el fiscal general Dr. A.A., como querellante particular J.P.S. con el patrocinio letrado del Dr. L.A., y como defensor del acusado, el Dr. A.C..

2. La existencia del hecho y la autoría

La prueba debatida permite tener por cierto que E.A.S. le vendió el día 12 de agosto de 2016 a J.P.S., un automotor M.C. “S”, sedan, de tres puertas, dominio GYL 592, en la suma de $ 320.000.-, suma que le fue pagada en su totalidad a S., quien en dicha fecha le entregó el vehículo a S., el cual presentaba serios desperfectos en su motor, que S. conocía y le ocultó a S., los cuales provocaron su mal funcionamiento. Ante el reclamo de S., S. retiró el rodado del domicilio de aquel, con la promesa de repararlo o revenderlo, no habiendo reintegrado el dinero ni el vehículo. La transacción se realizó en la mencionada fecha en el domicilio de S. de calle P. 694 de la localidad I.A., de esta provincia.

El hecho enunciado se constata con los siguientes elementos de convicción:

La declaración del damnificado J.P.S., quien relató que la compraventa del M.C. empezó por Mercado Libre. Había comenzado a buscar autos de ese modelo y dentro de las cinco opciones que había visto, estaba justo el que ofrecía S., tenía dos publicados, uno modelo 2006 y el otro modelo 2008 que le interesaba y llamó a S.. Le había comentado que estaba por viajar a Buenos Aires en unos días y que quería ir a ver ese auto. S. lo llamó y le dijo que él también llevaba autos, que si quería se lo llevaba, a lo que le contestó que no, porque tenía que viajar en la semana con su mujer a Buenos Aires y aprovechaba para ir a ver el auto. Le dijo que iba el lunes, pero S. insistía en que le traía el auto. Este le decía que viajaba al interior, que se lo llevaba sin compromiso, y que bueno, que por ahí había “entrado”. Manifestó que los otros autos que tenía en vista eran más o menos el mismo modelo, distintos colores, casi el mismo precio. El que ofrecía S. era más tentador porque se había ofrecido a llevárselo y habían arreglado el precio por la transferencia. S. le dijo que le bajaba unos pesos en la transferencia y que se lo llevaba así no perdía tiempo. Este le llevó el auto un viernes a la noche, firmaron un boleto de compraventa en su casa y quedaron que el resto del dinero se lo daba el lunes siguiente en Buenos Aires. Cuando le llevó el auto le dejó solamente la cédula verde. Por otro lado, agregó que el mismo lo había probado y que no le había encontrado ningún detalle al auto porque se veía impecable. El sábado había sacado turno con B. para revisarlo y hacerle el servicio al auto, aunque S. le había dicho que se fuera tranquilo con el auto a Buenos Aires porque no tenía ningún problema. El auto realmente, se veía impecable. Al otro día, salió y se le rompió una goma del auto y ni siquiera tenía un auxilio. Dejó el auto arreglando la goma y el lunes lo iba a revisar B. para ver el estado en que se encontraba y hacerle el servicio. El auto, realmente, se veía impecable. El auto se quedó en esta ciudad y él se fue en colectivo con su mujer a Buenos Aires, S. lo pasó a buscar por el hotel para ir a firmar a una escribanía que estaba en Devoto, allí firmaron el libro de actas y le dio el resto del dinero, de la escribanía nunca le mandaron nada. En su domicilio de I.A. le había dado a S. $ 280.000 y en Buenos Aires $ 30.000 más. A los días empezó a fallar el auto. Que de hecho B. cuando lo revisó le dijo que los kilómetros eran los reales porque lo había enchufado, pero que la verdad era que el auto no estaba bien, tenía un problema de bujías, fallaba. Que creía que le había dicho textualmente que “estaba cagado a palos el auto”. Entonces lo llamó a S. para contarle y que al menos le reconociera las bujías. Este le dijo que estaba con neumonía pero que ya se las iba a mandar, que en la semana se las mandaba. Que lo mismo le había dicho de la otra llave y de la rueda de auxilio, pero nunca recibió nada. B. le había recomendado que lo anduviera poco al auto pero que un día tuvo que ir a S.R. y cuando volvió se rompió. Entonces lo volvió a llamar a S. para reclamarle y este le contestó que el mecánico no sabía nada, que él iba a buscar el auto y se lo arreglaba, que se lo llevaba a Buenos Aires, lo arreglaba y se lo devolvía. Agregó que le había costado lograr que S. viniera a buscar el auto, porque le decía que iba la semana que viene, que se tenía que organizar porque tenía un montón de negocios, que esto que lo otro, a diferencia de cuando se lo llevo a A., que lo hizo al otro día. Recién al mes fue a buscar el auto, el 13 de septiembre. S. se llevó el auto de tiro con una lanza y la tarjeta verde, la que le había dado porque confiaba en él. Que así había sido el negocio, de confianzudo, de creer que era buena gente. Una vez que S. se llevó el auto, estuvo como veinte días para que lo revisara el mecánico. Lo llamaba para ver qué pasaba con el auto y siempre S. le decía un cuento, siempre la estiraba, diciéndole que la semana que venía, que el mecánico no estaba, que se había enfermado. Al tiempo, el imputado le dijo que al auto lo había abierto el mecánico y que tenía un fierro doblado, que lo emparchaban y lo vendían. S. le dijo “yo te lo emparcho total vos querías el auto por seis meses, después lo vendes”, contestándole “que yo no iba a emparchar ningún auto porque yo no voy a “cagar” a nadie, porque el que va a poner la cara después soy yo cuando se venda el auto”. Le dijo que quería el auto arreglado como correspondía o que le devolviera la plata. Ahí fue cuando arrancó S. con que sí, que lo emparchaba, que sí que lo arreglaba, que sí que le devolvía la plata. Esto había sido para septiembre de 2016 y que había hecho la denuncia en diciembre. Agregó que para esto, en noviembre el imputado le dijo que había vendido el auto, la mitad en cheques y el resto con un crédito prendario. Viajó a Buenos Aires y se encontró con S. en Tigre en el Puerto de F., en la estación de Tigre. Que ahí S. le había mostrado unos cheques a través de una foto de un celular por $ 150.000. Quedaron en que el 20 de noviembre le iba a depositar el total de la plata. El 21 le mandó unos W. a S., quien le contestó que estaba en el banco y que había “re depositado” los cheques, porque estaban mal endosados, que en tres días tenía la plata. Agregó que desde ahí nunca más, ni la plata, ni el auto, ni nada y S. desapareció, no lo atendió más. Reconoció el recibo de pago del 12 de agosto confeccionado en su domicilio por S. cuando fue a llevarle el auto, al igual que el de retención de la documentación de vehículo. S. tenía un montón de autos de alta gama para vender por el resto de las publicaciones que tenía en Mercado Libre, en ese momento serian como treinta autos, BMW, M.B., Audi, dos M.C.. Luego que hizo la denuncia desaparecieron las publicaciones. La plata con que pagó a S. provenía de una herencia y que era la única plata que tenía, más la de un auto que había vendido.

La declaración de S.L.O., pareja del S., quien refirió que

en agosto de 2016 tenían un dinero y querían comprar un M.C.. Entonces P. se había puesto a mirar algunos y uno de ellos era el de S.. Este se había ofrecido a llevarle el auto a su domicilio de I.A.. Lo llevó un viernes a la noche, les había encantado y entonces lo dejó. El martes ella tenía que viajar a Buenos Aires a hacerse una punción. Le entregaron a S. la suma de $ 300.000 y le tenían que entregar un resto que le iban a llevar cuando fueran a Buenos Aires en la semana. Que ahí también iban a ir a firmar todos los papeles. Viajaron el martes en micro porque el auto lo habían dejado para que lo revisaran. Que una vez en Buenos Aires, se hizo el estudio, luego se encontraron con S., fueron a una escribanía en Devoto a firmar los papeles, le entregaron el resto del dinero y volvieron a los dos días a I.A.. Que así fue como hicieron el negocio con el imputado. Que tras los desperfectos del auto, P. empezó a hablar con S., el cual, al principio había querido colaborar e iba a mandar repuestos que al final no mandó. No se pudo arreglar el auto y se terminó rompiendo del todo. Ahí fue cuando el imputado les había dicho que venía a buscar el auto para hacerse cargo del arreglo. S. volvió a buscar el auto cuando ya había pasado un mes, en septiembre, y ahí empezaron a hablar continuamente a ver si les iba a devolver el dinero, si se hacía cargo de todo. Con S. el trato era bueno, les daba confianza, les había hecho todas las cosas fáciles. S. les había dicho que no tenía agencia de autos pero que se dedicaba a vender autos. Que vivía en N.. Respecto al dinero para la compra del auto, manifestó que era una herencia que había cobrado P. de su madre y algunos ahorros que tenían y que era todo el dinero que tenían. Tras hacer la compra del vehículo su marido viajó una vez a S.R., la misma semana en que empezaron los desperfectos, después de dicho viaje, el auto se había terminado de romper. S. le dijo a P. que tenía unos cheques porque había vendido el auto, pero los cheques nunca llegaron. Al principio S. dijo que iba a arreglar al auto y que se iba a hacer cargo de eso, pero ellos no lo habían aceptado porque no querían el auto roto, entonces les dijo que cuando lo vendiera les iba a depositar el dinero, pero el dinero nunca llegó. Aclaró que no querían el auto roto, querían que les devolviera el dinero.

La...

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