Scioli se disfrazó de militante

 
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A Daniel Scioli le ha dado últimamente por enojarse delante de las cámaras. El viraje, ninguna novedad para quienes lo conocen en privado, es acaso un mundo nuevo para las audiencias televisivas y los votantes, y está, como le gusta decir a Axel Kicillof, "perfectamente estudiado". Así lo cuentan en la provincia de Buenos Aires, donde se explayan en detalles: los últimos focus group detectaron que la imagen positiva del gobernador era en algunos ámbitos atenuada por la condición de "tibio", el peor pecado del decálogo kirchnerista.

La sobreactuación es frecuente en política, aunque a veces pueda convertirse en arma de doble filo. Basta, por ejemplo, con volver a ver la reacción de Scioli el martes, cuando rechazó en el canal TN, durante el programa de los Leuco, la afirmación de que la inflación era del 35%. "¡No, 35, no, de ninguna manera!", se sobresaltó, siguió con un titubeo acerca de cuánto podría ser ese número tan misterioso aquí. "Póngale veinte... veintidós..., veintitrés...", ensayó.

Desde que Cristina Kirchner le aceptó agradecida a Scioli una gestión sobre la Justicia para la causa Hotesur, la opinión del gobernador es más que nunca la opinión de la Presidenta. Y lo mismo podría decirse de su espontáneo cálculo de índice de precios al consumidor: el rango de entre 20 y 23% es el techo que los industriales de Adimra, una entidad de inmejorable relación con el Gobierno, han fijado como "máximo posible a pagar" en la negociación con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). El número pone en apuros a Antonio Caló, líder de la UOM y la CGT: aunque probablemente sea lo que termine ocurriendo, resignar el 32% de reclamo salarial en que decidió plantarse sería una señal de debilidad frente a sus pares sindicales. "Me da lástima Caló", viene repitiendo en público Hugo Moyano. Caló fue el primer dirigente sindical en proclamar adhesión a esa candidatura presidencial.

La definitiva unción del gobernador para la continuidad del proyecto nacional y popular es evidente desde hace días en varios frentes. Primero, en el propio estado de ánimo del protagonista, al que sus allegados califican ahora de "exultante". Y en segundo lugar, porque esa convicción, también advertida por los empresarios que acompañaron esta semana a la Presidenta a Moscú, es alentada sin vacilaciones en La Cámpora. Allí aceptaron la orden de acompañarlo y prometen encorsetarlo mediante la instalación mediática de posibles compañeros de fórmula. La táctica, que muestra...

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