SAME, una emergencia cada 1,55 minutos

 
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"Atención, base centro, diríjase al Ministerio de Economía, sobre la avenida Paseo Colón, que hay una mujer en la calle con código rojo. ¿Me copió?" La voz que devuelve la señal del radiotransmisor interrumpe el brevísimo descanso del médico y del chofer de la ambulancia. El vértigo dispara la adrenalina. Las sirenas se encienden; el vehículo salta de la vereda a la calle, en Carlos Pellegrini y Diagonal Norte, y comienza a zigzaguear entre autos, motos y peatones. Va en camino a socorrer a una señora que fue víctima de un intento de robo a metros de la Casa Rosada. La mujer, de unos 55 años, se había resistido al asalto. Y fue empujada con tanta fuerza que terminó en el piso, inmóvil, con una "posible" fractura de cadera.Este es uno de los casi 800 casos que el Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) responde por día en la ciudad. Cada un minuto y 55 segundos acude a una urgencia. Durante un día, LA NACION acompañó a las ambulancias para contar cómo funciona este servicio gratuito, solventado por la Ciudad, que el año pasado recibió un promedio de 2500 llamadas por día al número 107, mientras que cubrió 261.067 asistencias de personas accidentadas, descompuestas, golpeadas, infartadas y hasta pacientes con problemas psiquiátricos.El AUXILIODesde la base centro del SAME, en el microcentro, hasta el Ministerio de Economía, la ambulancia que va en auxilio de la mujer tarda dos minutos en hacer unas diez cuadras. Y otros tres minutos, hasta arribar en el hospital Argerich, en La Boca. En el camino, deber sortear cinco semáforos en rojo y lidiar con la falta de sentido común del conductor porteño: se demora ante los vehículos, que, pese a las bulliciosas sirenas, se resisten a abrirse paso y dejar el camino libre. "Esto es increíble, mirá, mirá... algunos te dejan pasar, pero a otros a veces les tenés que tirar el móvil encima para que se despierten", dice José María Pini, un experimentado chofer de ambulancia, de 69 años, y que cumplió 45 abriles en esta actividad por las transitadas calles porteñas. "Antes el tráfico era mucho menor y la gente respetaba más a las ambulancias. Ahora es un caos. Todos se te cruzan; los peatones son los peores", dice Pini, hoy detrás del volante de la camioneta de apoyo del SAME en la que LA NACION acompañó a las ambulancias.Ya en el hospital Argerich, la dolorida mujer es empujada por camilleros a la sala de guardia en cuestión de segundos. Más tarde, se confirmaría el diagnóstico: un traumatismo severo de cadera que...

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