Remate

 
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En una apostilla a una foto de Instagram le exigieron con inquina a un cocinero icónico que se rasurara de una vez –y por todas– la insurrecta barba. Pasmoso el auge del que gozan chivas, bigotines y patillas, ¿no?, y cuyo efecto secundario es, por fortuna, el rescate del oficio de barbero, otrora revisitado por Tim Burton. Algo similar ocurre con los bicicleteros: el mío, por ejemplo, restauró mi maltrecha Raleigh de 1923 usando grasa de la época (que sólo se consigue acá, claro) y un curioso artefacto odontológico.

Marginal, no necesariamente literario, mestizo, estéticamente sexy, osado: así es el catálogo de la editorial Caja Negra. "Promover una escritura experiencial y cargada de afecto con el objetivo de elaborar un repertorio de discursos críticos que nos ayude a leer las transformaciones del mundo que nos rodea": así se presenta Futuros Próximos, la flamante colección de ensayos de la editorial que se estrena con dos inquietantes títulos de autores alemanes: Volverse público y Los condenados de la pantalla.

He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por… la tecnología. De ese modo pincho la línea inicial del aullido de Ginsberg. Al decir del urbanista francés Paul Virilio, la tecnología crea sus propios accidentes; pensemos, si no, en las últimas tragedias aéreas. ¿Será que el abuso de telefonitos nos fritará el cerebro?, ¿hará que los niños del porvenir nazcan con minipulgares? Vuelvo al profético poeta beat, circa 1955: "Hipsters con cabezas...

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