Las primeras fisuras en la burbuja cultural que 'creamos' los adultos

Cuando escucho a los padres primerizos quejarse de los contenidos culturales pensados y fabricados para el consumo de los niños pequeños siento mucha ternura. Inmediatamente pienso: "¡Esto recién empieza amigos!". La realidad es que los padres vamos bajando la guardia a medida que los chicos crecen. Al principio estamos muy atentos, casi obsesivamente, a todo lo que les llega a través de los ojos, los oídos, el gusto y el tacto. Los estímulos son controlados y logramos filtrar buena parte de la "información" que procesan los chicos. Pero en algún el universo que habíamos imaginado, según nuestros valores un poco naïf, y el otro planeta real que, por fuerza social, empieza a imponerse, chocan. Entonces aparece una revelación poco grata para los padres: ¡los hijos son personas y no son tan nuestros como creíamos! El shock es fuerte. Incluso conozco casos de familias que intentan mantener esa burbuja de "control parental" por temor al acicate consumista constante o por la convicción de que los contenidos actuales para los niños son simplemente nocivos. ¿Es posible? Una observación simple indica que en algún momento los chicos socializan por fuera del radar de los padres y, aunque les oculten sus pulsiones, la "información" aterriza en su cabeza más temprano que tarde.

La pantallas moldean hoy casi todo lo que los chicos adoptan para sí mismos. Desde la forma de vestirse hasta la manera de hablar y de comunicarse entre ellos o con los adultos...

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