Una política errática, de Jaime al sueño del tren bala

 
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Hubo anuncios rimbombantes que nunca se cumplieron; compras sospechosas y hasta muertos en las vías; también millones de pesos destinados a obras y subsidios y quejas recurrentes de usuarios cansados de un servicio que jamás logró dejarlos conformes.La política ferroviaria que han llevado adelante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner va camino a convertirse en una herida a la que seguramente le costará cicatrizar. El mundo de los rieles podrá mostrar con palmaria crudeza cómo la falta de planificación y de políticas de largo plazo genera consecuencias muy difíciles de revertir.No bien iniciada la presidencia de Néstor Kirchner se sucedieron anuncios, de la mano de Ricardo Jaime, el ex secretario de Transporte que hoy camina por Tribunales tratando de explicar que no se enriqueció por su paso por la gestión pública. Una de las primeras medidas fue nacionalizar dos ramales que estaban en manos de Trenes Metropolitanos, una empresa de Sergio Tasselli. Los trenes volvieron al Estado y las otras tres concesionarias (Trenes de Buenos Aires, Ferrovías y Metrovías) se hicieron cargo de la operación. Para eso se utilizó la Ugofe, una entidad creada en la emergencia y cuya finalidad era que los trenes no interrumpieran sus servicios.Pues esa emergencia ya dura más de seis años y jamás se avanzó en la normalización de las formas de explotación de los ramales. En medio, el Gobierno creó dos sociedades estatales. La primera, la ADIF, era la encargada de administrar los bienes ferroviarios, y la otra, la SOF, tenía como función operar ramales que volvieran a manos estatales. Pese a un generoso plantel de empleados, la SOF apenas opera un par de ramales que corren en Chaco.Ferrobaires, la responsable de correr el tren que embistió a la formación del San Martín, es otro caso de acumulación de políticas erráticas. Los gobiernos nacional y provincial negocian desde 2008 el traspaso de la empresa bonaerense a manos de la Nación. Sin embargo, el...

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