Pobreza: estudian la forma de mitigar el impacto en el cerebro

 
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En 2015, el 33% de los chicos de los países más pobres no alcanzó el peso correspondiente a su altura, el 16% de las personas no tuvo acceso a agua potable y el 37% no contó con sistemas de saneamiento. Todas estas carencias pueden vulnerar no sólo la salud física, sino también el desarrollo mental de la población.

Aunque tradicionalmente se suele poner el foco en los primeros 1000 días de vida de un chico para medir el impacto de las privaciones, los especialistas coinciden en que las consecuencias de la pobreza pueden vulnerar el desarrollo del cerebro de una persona hasta los 20 años.

En la Argentina, se calcula que entre el 40 y el 60% de los chicos son pobres, según cómo se haga la medición. "La huella de la pobreza condiciona las capacidades de las personas desde la concepción", advierte Sebastián Lipina, director de la Unidad de Neurobiología Aplicada (Cemic-Conicet) y autor de Pobre cerebro (Siglo XXI, 2016).

Sin embargo, aclara, es posible intervenir para mitigar o revertir las consecuencias en el cerebro. "Hay que desarrollar estrategias a medida", afirma.

Algo de esto es lo que intentarán Facundo Manes, rector de la Fundación Favaloro, y Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), que acaban de ser convocados por la gobernadora María Eugenia Vidal y trabajarán ad honorem.

"La provincia cuenta con el 40% de los recursos humanos de la Argentina. Es fundamental desarrollar políticas de Estado para proteger los cerebros de nuestra población", afirma Manes, entre cuyos planes figura combinar saberes del área de la nutrición, las neurociencias, la educación y la salud para articular acciones y proyectos.

El estudio científico de la pobreza data de principios del siglo XX, pero el 70% de las publicaciones neurocientíficas sobre este tema corresponde a los últimos 16 años. "Es un problema complejo que no tiene soluciones simples -dice Lipina-. La neurociencia ofrece parte de las respuestas, pero no todas. Hay que trabajar con maestros, epidemiólogos, asistentes sociales y con las propias familias, que en nuestro país vienen reuniendo una amplia experiencia."

Según el investigador, que estudia este tema desde hace más de dos décadas, no hay soluciones "listas para usar". "Hay que desarrollar estrategias «a medida» -destaca-. Si uno quiere una «bala de plata» tiene que generar equidad, y sobre eso, meritocracia. Pero la meritocracia sin equidad, que es lo que ocurre en toda la región, es inmoral."

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