Pico Mónaco: el poder de la mente

 
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La mente domina al hombre. Lo potencia, lo hunde, lo equilibra. El deporte es testigo privilegiado de ello. Una máxima popular indica que el "músculo" más importante del atleta es la mente. A cierto nivel, sobre todo hablando de categorías de elite, la mayoría de los deportistas están bien entrenados y técnicamente son talentosos, pero luego es el aspecto psicológico el que predispone. Juan Mónaco vive en una montaña rusa de emociones. Luego de ser top 10 en 2012, su carrera sufrió altibajos -muchos de ellos lógicos y obligados por molestias corporales-; la pasada no fue una temporada productiva para el tandilense y antes de presentarse en el Argentina Open su récord en el año era de 2 triunfos y 5 derrotas. Pero hoy, no antes de las 14, tendrá la fabulosa posibilidad de disputar su tercera final en el ATP porteño -ganó en 2007 y perdió en 2009-. Para ganarla deberá escalar el Kilimanjaro, lo que representa Rafael Nadal, sobre todo en polvo de ladrillo, pero, al margen, lo paradójico es que hace pocas semanas, en Australia, dijo estar planteándose si valía la pena seguir haciendo el esfuerzo por competir cuando podría estar junto con sus amigos en la playa.

Por actualidad, pocos sospechaban que Mónaco alcanzaría la definición; es la realidad. Sin embargo, diversas circunstancias lo fortalecieron, como jugar en Buenos Aires -certamen en el que ganó su primer partido ATP, en 2004, ante el ecuatoriano Nicolás Lapentti-, y entrenarse y jugar dobles junto con Nadal -en 2010, antes de llegar a las semifinales del Masters 1000 de Shanghai, había hecho una suerte de minipretemporada con Rafa en Asia-. También hizo retoques en la confección de sus raquetas, similares a los que había utilizado en el mejor año de su carrera: le pidió al encordador Luis Pianelli que añada peso en la cabeza de ésta, con cintas de plomo autoadhesivas, para conseguir más potencia con menos desgaste. Además, aunque no lo haya expresado abiertamente, la no convocatoria del capitán del equipo nacional de Copa Davis, Daniel Orsanic, para la serie con Brasil, la asumió como una suerte de incentivo extra.

"Nunca dije que me quería retirar. Sí que estaba pasando un mal momento. Lo que tenía que tratar era ponerme bien físicamente y terminar un partido, ganando o perdiendo, pero feliz. Me preparé bastante fuerte para los torneos de polvo de San Pablo, Río y Buenos Aires, pensando, por ahí, para llegar a la Davis, pero bueno, creo que en Río empecé a sentir muy buenas...

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