La paz de los difuntos

Autor:Néstor L.Montezanti
Cargo:Doctor en Ciencias Jurícias U.N.L.P
Páginas:189-194
 
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III
La paz de los difuntos
Néstor L. Montezanti*
Ya ni en la paz de los sepulcros creo”. Esta frase, usual en
nuestros mayores, era interpretada como una hipérbole
retórica, destinada a enfatizar una actitud existencial
profundamente escéptica ante determinadas circunstancias.
Pero, en verdad, todo el mundo creía en la paz de los
sepulcros. Cuéntase del Emperador Carlos V que, invitado a
profanar la tumba de Lutero, contestó: “Yo no peleo con los
muertos”. Por el contrario, la profanación de los restos de
Cronwell, tras la restauración monárquica, fue y es presentada
como un testimonio de la barbarie de los tiempos, y repudiada
sin excepción.
Tan es así que un tribunal de nuestro país, ante la demanda de
una hermana desavenida (y necesitada de fondos), para
vender la bóveda familiar (a cuyo efecto sería menester
relajar los r estos de l os padres), no dudó en rechazarla de
oficio calificándola de inmoral (Gaceta del Foro, t. 20, p.
312). Dijo el fallo: “...los jueces no pueden amparar a una
hija que, sin respetar la voluntad de los padres, pretende
arrojar sus despojos al osario común, para vender la tumba
que ellos se hicieron construir como asilo de eterno reposo”.
Nuestro país fue precursor en eso de incriminar los secuestros
de cadáveres (art. 171 del Código Penal), no obstante no
tratarse de cosas ni de personas (objeto, usualmente, de tutela
* Doctor en Ciencias Jurícias (U.N.L.P.), Convencional Constitu yente, Prof.
Titular de las cátedras de Introducción al Derecho, Ciencia Política y
Administrativo I (U.N.S.). Profesor de Posgra do.

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