El ocaso del maradonismo kirchnerista

 
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Maradonismo: dícese de una de las formas posibles del ser nacional. Contrariamente al vocablo "maradoniano", que alude únicamente al culto religioso de un gran futbolista, el maradonismo es un rasgo cultural que hilvana la transgresión, la arrogancia, la automitificación, la prepotencia, la agresión verbal y el ánimo permanente de convertir casi todo en una gresca pública. También los gustos millonarios y al mismo tiempo el disfraz político de izquierdas, más como marketing de rebeldía banal que como compromiso serio y consecuente. Tal vez la frase más famosa de la gestión Maradona, como entrenador de la selección argentina, haya sido aquella que destinó a un crítico: "La tenés adentro". Ese regocijo luctuoso acerca de la sodomización simbólica fue celebrado por el kirchnerismo y amparado por el denominado "folklore del fútbol", que permite habitualmente el racismo, la humillación sexual y otras bajezas. Contra la fanfarronería desfachatada se eleva el emblema de Mascherano, virtuoso en autocríticas, humildad y solidaridades de equipo. Mientras Maradona se tatúa frívolamente al "Che" y lo muestra orgulloso, Mascherano declara su vergüenza cuando lo dibujan como Guevara en las redes sociales. Mientras el Jefecito concibe a la selección como un combate perpetuo contra todos sus egos, Maradona es el ego caminante, parlante y mesiánico. El Diez es Dios y se lo cree; el Cinco es sólo una herramienta de la historia, y a ella se entrega con modestia y esfuerzo.El maradonismo es un estilo anterior a Maradona, que nos ha hecho ganar el mote de irritantes soberbios en todo el mundo y que los cristinistas han encarnado de un modo natural y gozoso. Al recibir al seleccionado en Ezeiza, la Presidenta no pudo con su genio y maradoneó: "Les taparon la boca a muchos". Jamás pensaron los gladiadores del césped que el problema fueran quienes los incomprendían. Al contrario, sacaron provecho de esas observaciones duras, las discutieron puertas adentro y jamás se enceguecieron con sus accidentados triunfos. El problema no eran los comentaristas fiscalizadores, sino la potencia de los rivales y la realidad en la cancha. Si hubieran aceptado el confort del "relato" desarrollado después de cada partido, habrían caído en una trampa y se habrían quedado haciendo jueguito en la baldosa de la retórica, conocido pecado mortal del Gobierno. Dicho sea de paso, es interesante revisar la correspondencia de Atahualpa Yupanqui en París, donde vivía durante los años del peronismo: "Te diré...

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