Obra pública: el lento regreso de la inversión

 
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La Argentina superó al menos un debate. Por estos días, nadie pone en tela de juicio la importancia que la obra pública tiene en la economía criolla. Aquellas discusiones sobre el Estado constructor parecen zanjadas. Más aún, la mirada está puesta en el cuánto y en el cómo se colocan los ladrillos, en la velocidad y, claro está, también en la transparencia. Pero ya no más en la necesidad o no de destinar recursos del Estado a este sector.

Después de más de un año y de un freno prácticamente a cero, la obra pública está de regreso. Sólo en las últimas semanas se percibe el movimiento de la rueda vital para la economía. Por primera vez en el año, las curvas de despacho de cemento revirtieron su tendencia.

El ministro del Interior y Obras Públicas, Rogelio Frigerio, responsable de gran parte de la actividad, confía en que ya quedó atrás lo peor de la caída de la construcción pública. Esta semana tenía sobre su escritorio varios números que le indicaban el despegue. Esos informes mostraron que los despachos de cemento aumentaron en agosto 6,7% respecto de igual mes del año anterior, la variación positiva más alta desde septiembre de 2015. La venta de este insumo clave llegó a 1,04 millones de toneladas, el mejor registro para el mes de agosto desde 2013.

Las razones del parate tienen que ver con dos situaciones. La primera, que explica lo ocurrido en el segundo semestre de 2015, fue el acto electoral de diciembre. El gobierno anterior frenó todo tipo de desembolso a partir de agosto. "Para poner un número, la mitad de las obras no habían recibido un sólo peso en todo 2015", dijo a LA NACION Ricardo Delgado, subsecretario de Obra Pública Federal.

Luego llegó la primera mitad de 2016. Los recién llegados al poder tuvieron que esperar que la cuestión burocrática se pusiera más o menos a tiro hubo que hacer cambio de partida y de planta, ya que el área no estaba en el Ministerio del Interior y después se tomó la decisión de revisar y ordenar la famosa herencia dejada por la dupla integrada por Julio De Vido y José López.

El cóctel fue evidente y la actividad se desplomó. Según datos del Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (Ieric), en agosto el sector empleaba a 429.348 trabajadores. Desde entonces, la caída no se frenó. En noviembre, cuando se celebró la segunda vuelta de las elecciones nacionales, aquel número había caído a 415.185. Y el último día de 2015, los empleados eran 384.251. Sólo en el segundo semestre...

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