'No quería vivir más con esa bronca'

 
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PUNTA DEL ESTE.- Dicen que su mudanza de Buenos Aires y su flamante radicación en Punta del Este, donde conducen el programa Coincidencias por FM Millenium, fue un reclamo intestino por una mejor de calidad de vida.Y que ese "concepto esencial" de tres palabras encierra todo lo que ya no están dispuestos a tolerar: la inseguridad reiterada que sufrieron en carne propia a metros de la quinta presidencial, los piquetes, el desorden y la falta de civilidad. Pero también los aprietes y amenazas de muerte, coronadas por la ignominia de funcionarios, la obsecuencia de intermediarios, el acoso económico y la renuencia a perder credibilidad y la dignidad.Enrique Llamas de Madariaga (71) y su pareja y colega, Denise Pessana (41), dejaron Radio Rivadavia el 23 de diciembre último y una semana después -gracias a las gestiones de un amigo que sirvió de nexo con el titular de la radio, Wilson Sanabria- estaban juntos en el éter esteño, celebrando una nueva vida.Hoy, instalados en un departamento prestado en La Brava, dicen que ellos optaron por un cambio que muchos otros argentinos ya ensayan en Punta del Este, donde la comunidad de connacionales no para de crecer. "Todavía nos falta la prueba mayor, que es pasar el invierno", dice Llamas de Madariaga, quien confiesa un "gran enamoramiento con los modos de la política uruguaya". "Yo trabajo pero todavía me siento en vacaciones. El trato y la forma de convivencia de la gente aquí te hacen ver lo que de a poco te fue arrebatando Buenos Aires", agrega Denise, quien luego de varios asaltos vendió su casa en Olivos.Ahora caminan tomados de la mano por los espléndidos jardines del L'Auberge, el hotel y casa de té cuya torre es un emblema esteño. Se los percibe plenos y felices con ese cambio de rumbo, del que, aseguran, nada extrañan. "Salvo los afectos", corrigen.-¿Cuál fue el tenor de las amenazas que recibieron?Llamas de Madariaga: -No quiero dramatizar. Lo mío es un reclamo esencial de calidad de vida. Vivimos un conjunto de situaciones, a las que dijimos basta: la pistola en la cabeza a Denise para robarle el auto, el asalto en su casa a 30 metros de la custodia presidencial, el tener que dar la vuelta a la manzana antes de entrar. Luego sobrevino una suerte de acoso económico, porque hoy si no sos amigo del poder no tenés publicidad. Y después llegaron las amenazas telefónicas una vez por semana: "Vas a dejar una viuda joven", me decían. Pero, curiosamente, éstas cesaron cuando decidimos venirnos aquí. Se ve que...

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