Entre la negociación y el miedo

 
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Las embrionarias negociaciones con jueces y fiscales chocaron con un obstáculo: no hay confianza. Falta, entonces, un elemento clave para cualquier negociación. Es difícil que alguien o algunos puedan negociar con un gobierno que sólo sabe apretar. ¿Es posible una negociación cuando un fiscal, Germán Moldes, que tiene en sus manos , debió reclamar por carta que le reforzaran la custodia? Nadie le respondió hasta ahora. El propio Gobierno confirmó la agonía de la negociación cuando puso en funcionamiento el método del miedo. En muchos fiscales, más que en los jueces, el miedo es físico. Uno de ellos está muerto.

Nisman estaba muerto antes de morir. Es lo que dicen varios de sus colegas. "Lo siguieron en el aeropuerto de Madrid, lo siguieron en el avión que lo trajo y lo siguieron en Ezeiza. Estaba muerto cuando subió al avión en Madrid", asegura un fiscal. Es probable que en algunos casos el miedo sea más fuerte que la negociación. "Las familias de jueces y fiscales presionan", cuenta un juez. La mayoría de los jueces, sin embargo, no cree en el temor. "Este gobierno no aguanta un muerto más", argumenta uno de ellos. Sea como sea, los días recientes dejaron la sensación de que la negociación se complicó: la Cámara de Casación avanzó en la probable sentencia de inconstitucionalidad del tratado con Irán, y Lázaro Báez se colocó al borde del procesamiento cuando debió concurrir a la .

Es probable que otra muerte sea insoportable para el Gobierno. Pero lo cierto es que éste actúa como si los riesgos no existieran. Moldes tiene un solo custodio por turno y ahora debe desplazarse en su auto particular, porque el Gobierno le sacó el vehículo oficial que tenía. Una cosa ha cambiado: los dos custodios que se turnan son llamados ahora para llenar un océano de papeles. La Policía Federal se mueve como si se cubriera las espaldas ante una eventualidad que nadie sabe en qué consistiría. El viernes, Moldes le envió una carta formal a Alejandra Gils Carbó: "Aquí no hace falta intercambiar papelitos", le reprochó, y agregó: "No hace falta ser demasiado perspicaz para advertir que ese dispositivo resulta notoriamente insuficiente". Reclamó, por último, un tratamiento urgente de su seguridad personal.

Con todo, el principal problema que tiene el Gobierno es, en efecto, la falta de confianza. Ni jueces ni fiscales importantes le creen y tampoco confían en los interlocutores que envía. Los más entusiasmados con la posibilidad de una negociación son los...

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