María Obligado: un largo siglo de olvido

La pintora María Obligado vivía en un palacio en las barrancas del Paraná. En Ramallo, era una construcción rara e imponente, que fue agrandando desde 1880 hasta el fin de sus días. Tenía el cuarto propio más grande que se haya visto. La rodeaban más de mil de sus obras, una biblioteca de 20.000 ejemplares, una pinacoteca personal de 60 piezas escogidas, esculturas y muebles que pertenecieron a personajes como San Martín o Deán Funes. También guardaba la porcelana de Rivadavia.De cada viaje traía aves que cantaban en sus jardines. La leyenda dice que llevaba un diario de sus uniones y defunciones, que los mandaba embalsamar cuando morían y que podía entender su canto. También volvía con fervor de faraona, y agregaba salones y detalles a la estrambótica vivienda, suma de todas las modas y los estilos. Terminó en desguace: se demolió en 1945 para extraer la gran cantidad de hierro que había en sus paredes.María Obligado de Soto y Calvo (1857-1938) heredó una fortuna familiar, y por eso pudo dedicarse sin presiones a lo suyo, con largas estadías en París (con idas y venidas, alrededor de 15 años), donde se formó y triunfó. Cuatro veces integró con éxito el Salón de París, con gran eco en la prensa francesa y argentina. Pero el tiempo no le hizo justicia. "María Obligado ha permanecido marginada de esta historia heroica de argentinos que conquistan París", dice la investigadora que recuperó su memoria y desempolvó su obra, Georgina Gluzman, en su libro Trazos invisibles (Biblios, 2016).En su apellido hay dos poetas: su famoso hermano, Rafael (ilustró la tapa de su libro Santos Vega), y su prolífico esposo, Francisco Soto y Calvo, que publicó más de veinte libros en ediciones pagadas por él mismo y la fama le fue esquiva. Soto y Calvo la acompañó en su carrera con devoción y atesoró su obra. La relación de la artista y el escritor es tan fuerte que los retratos de cada uno incluye al otro, él con su barba blanca y vestir bohemio, ella de batón y pinceles. No tuvieron hijos.Antes de morir, Obligado legó su obra y parte de sus bienes a un futuro museo de historia. Puso una condición: que se construyera antes de un año y medio. Julio Marc lo logró en 1938 y desde entonces funciona el Museo Histórico Provincial Julio Marc en Rosario (MARC). Con gratitud, en el despacho del director siempre estuvo el retrato de la primera donante. Después, desde 1918 hasta hoy, no se hizo ni una retrospectiva de su obra. Recién hace diez años Gluzman rastreó su pista...

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