Una lenta pero visible renuncia a la épica

 
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MADRID.- Comer sapos ha sido un ejercicio cotidiano para el kirchnerista medio. Los propagandistas del Estado se encargaron siempre de sazonarlos con un relato heroico y con reconfortantes promesas de eternidad. Así podía alguien sacar pecho por el acto "revolucionario" de pagar de un saque la deuda al Fondo Monetario, ser comprensivo con un gobernador amigo que reprime a los indígenas o vanagloriarse por el ascenso a Papa del hombre al que, cuando era cardenal, se recomendaba odiar.Pero en su hora más baja, el kirchnerismo sorprende con una conducta sintomática: la paulatina renuncia a la épica. La "soberanía energética" queda bajo gestión de Chevron, el garantismo se rinde a la "mano dura", el Ejército cae en manos de un espía militar acusado de un crimen en la dictadura… pasan cosas como ésas y nadie les regala a los devotos del espíritu de Néstor un discurso redentor que dé sentido al zigzagueo.Otra demostración ocurrió esta semana, cuando la Presidenta reveló que la verdad sobre el modelo nacional y popular de medios de comunicación la tiene una corporación norteamericana de televisión de pago. "Uno tiene DirecTV y mira lo que quiere, puede mirar un canal de España, de Italia, puedo mirar Telesur; si no te gusta el chavismo podés mirar a los colombianos (…) –dijo–. No es que te ponen lo que ellos quieren que mires; vos podés elegir qué mirar, qué escuchar y qué no mirás y qué no escuchás. Ésa es la verdadera libertad de expresión." O sea, los kirchneristas convencidos llevan cuatro años peleando por algo que se solucionaba con un control remoto.La sentencia presidencial omite su obsesión por limitar el espectro entre el cual la audiencia puede elegir, por cerrar el acceso a la información pública, por hacer...

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