Juan Grabois, una metáfora de la Argentina

 
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M ientras el riesgo país trepaba el lunes negro a 2800 puntos -la marca más alta de los últimos 15 años-, los bonos soberanos seguían cayendo en picada en el nivel de flotación de los fondos buitre. En paralelo a este barquinazo, viejo y repetido -lo vivimos tantas veces, que ni siquiera nos asombra-, Juan Grabois, vocero sin filtro del universo nac&pop, viene haciendo un llamado solidario: "" con "los parásitos" (el campo) para "recuperar" la dignidad. "Parásitos" que, por ahora y ante la ausencia de una visión estratégica de país alternativa, son casi los únicos productores de dólares. Esos que Grabois -y cualquier ciudadano con algún sentido colectivo- necesitan para garantizar, entre otras cosas, la ampliación de la agenda de derechos. También acusó a los campesinos de utilizar sustancias contaminantes, como si la quimera de Vaca Muerta -con la que sueña (o soñaba) el Gobierno, como motor alterno al agro- fuera productora de energías sustentables, alineadas con esta suerte de "Green New Deal" al voleo, que anunció el ministro Kulfas apenas asumió: una idea muy cool pero que, por ahora, no encuentra conexión con ninguna política coherente e integral.El blanco inmediatamente anterior de Grabois fue Marcos Galperin y, con él, todo el sector de la economía del conocimiento, motor de desarrollo en las democracias avanzadas. "A Galperin se le acabaron los curros", dictaminó en otra sugestiva frase el dirigente social que, lejos de ser un exabrupto, marca un guion argumental de un importante sector de la Argentina. El final de la historia es conocida: el dueño de Mercado Libre se mudó a Uruguay. Pero la suspensión de la ley que frenó beneficios fiscales a Mercado Libre no solo expulsó a Galperin, sino que puso en jaque a todas las empresas que exportan servicios basados en el conocimiento, un territorio que incluye a la industria del software. El régimen suspendido buscaba favorecer al tercer complejo exportador de la Argentina y había sido avalado por el Congreso. Pero, se sabe, las reglas nunca son demasiado permanentes en la Argentina: otra tara de nuestro paradigma cultural fallado. El Gobierno afirma que buscará ahora reemplazar aquella ley por una nueva, pero el daño está hecho. La incertidumbre -esa marca nacional- nunca es gratuita.Detrás de la narrativa de Grabois y de todo el campo nac&pop se esconden creencias indecibles. Por ejemplo, la idea de que el que tiene o el que logra no solo es sospecho-so, sino que le ha robado a alguien...

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