Íntima, sensible y entrañable

MAR DEL PLATA.- No es común que las obras del circuito calle Corrientes (decir "comercial" queda alcahuete) sean de autores argentinos, como exactamente al revés sucede en el off. Si se dejan de lado los espectáculos emparentados con lo revisteril y circense, en Mar del Plata pasa algo parecido. Una excepción es la cartelera del teatro Santa Fe, donde se ofrecen dos títulos nacionales ya estrenados en Buenos Aires: Mujeres de ceniza, de Sergio Marcos y Martín Guerra, y Mamá decía, de Alicia Muñoz.

Prolífica, Muñoz escribió, entre otras, Justo en lo mejor de mi vida (2003) y La pipa de la paz (2009), una ganadora y la otra nominada, a los premios ACE y Estrella de Mar. En Mamá decía, pieza que construyó pensando en Diego Pérez y Carlos "Carlín" Calvo, la autora vuelve a centrarse en los vínculos familiares, su dificultad y su inoxidable permanencia a pesar de todo.

Mauri y Chiqui son hermanos que se han criado separados. El mayor, con el padre en la ciudad; el menor, con la madre, en el campo. Al quedar solos, Mauri decide llevar a Chiqui a su hábitat urbano, muy alejado de las costumbres pueblerinas.

La dualidad se presenta sin vueltas desde el inicio. El hijo de papá es empresario, tiene multitud de problemas económicos, vive estresado, nunca se niega a un whisky y las parejas estables no son su fuerte. El hijo de mamá sabe del trabajo rural, la cocina y los arreglos domésticos, y desborda en sencillez, esfuerzo y sinceridad, valores aprendidos según "mamá decía".

La oposición campo-ciudad es un clásico para la comedia, las humoradas y, también, cierta admonición moralista acerca de aquello que perdimos y debemos recuperar. Pero aun dentro de ese esquema con reglas propias, Mamá decía subraya por demás este maniqueísmo de estilos de vida. Por ejemplo, la ropa de Chiqui, bombachas, faja y...

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