La inscripción de la ley: discriminación y arbitrariedad constitutiva en la irrupción de una huella temporal

Autor:Osvaldo R. Burgos
 
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La inscripción de la ley: discriminación y arbitrariedad
constitutiva en la irrupción de una huella temporal*
Algunas notas a partir de un relato sobre la aprehensión del incesto
Por Osvaldo R. Burgos
Antes que la caterva insolente de los hijos de Egipto ponga el pie en esta arenosa playa,
volvedlos al mar, a ellos y a sus remeras naves. Y allí perezcan asaltados por las olas embravecidas
en deshecha borrasca de truenos, relámpagos y vientos, antes que hagan suyas a las hijas
del hermano de su padre, y profanen con impía fuerza lechos de que la ley los rechaza
Esquilo, Las suplicantes, párodo (coro)
1. Relato y temporalidad
Todo relato corrompe el silencio y, en el acto de su manifestación, instaura una
escisión, marca una huella. Luego, en la arbitraria adjudicación de las cargas de
sentido que, en su estructura narrativa, supone; reconoce o desconoce –es decir,
discrimina– aquellos espacios que, en su previa irrupción, había generado.
No puede concebirse una narración ajena a la temporalidad, en cuanto no pue-
de despojarse a la temporalidad de su ínsita aprehensión de la angustia: es, justa-
mente, por la angustia fundada en la precariedad intrascendente de su finitud, que el
hombre se refugia y se justifica en su predisposición a la creencia en el rigor natural
de una ley.
En la limitación angustiosa de su tiempo, el hombre es la mirada de los otros
con los que se identifica y esta particularidad implica, necesariamente:
a) Por un lado, que (el hombre) no puede verse, que sólo tiene una idea indirecta
de sí, formada por los retazos azarosamente escogidos de las miradas –no menos
azarosas– de los otros a quienes, a su vez, mira y cuya subjetividad contribuye a
formar.
b) Por el otro, que (el hombre) no está solo, que es –en sí– en cuanto se rela-
ciona socialmente o, al menos, en cuanto decide conscientemente prescindir de toda
relación.
Lo dijimos ya, alguna vez1: un hombre puede ser insustancial para la humani-
dad, pero para él mismo es, en sí, la humanidad toda2. Incluso más; es su propia
noción del universal que lo involucra y que –por la propia condición de universal– no
puede percibir.
* Bibliografía recomendada.
1 Burgos, Osvaldo R., La sociedad desestructurada, ensayo publicado en http://www.burgos-
abogados.com.ar/Estudio%20Juridico%20Burgos_archivos/Page953.htm
2 De allí nuestra posición respecto a que el mundo existe, para cada uno, sólo en el m omento
en que se participa de la vida, en el que se puede tener conciencia de su existencia y la idea, conse-
cuente, de que el suicida decide negar al mundo la representación de su presencia individual, antes
de la ejecución del acto por el que lo niega.

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