El humor presidencial regula el mercado

 
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EL kirchnerismo tuvo hasta hace poco una conducción absolutamente vertical y unificada. Nadie, ni siquiera los ministros supuestamente más importantes, podía hacer nada ni hablar públicamente sin la venia presidencial. Primero, con Néstor, luego, con Cristina. La conducción parecía estar absolutamente clara y las áreas, repartidas. Algo cambió. Parecen surgir "dobles comandos" para las mismas áreas. Se discute si las prepagas pueden aumentar y cuánto. Guillermo Moreno pide números, datos, costos a los operadores privados de salud. Nada nuevo. Pero en los últimos días pidió lo mismo la titular de la Superintendencia de Salud, Beatriz Liliana Korenfeld, una funcionaria de la más estrecha confianza de Cristina Kirchner. Empresarios del sector se preguntan quién tendrá ahora la última palabra.Quienes estaban acostumbrados a cerrar los acuerdos en temas de transporte con Julio De Vido hace mucho que saben que el ministro ya no tiene la última palabra. "Antes te reunías con él, te tenías que aguantar que te destratara largo rato, porque eso era parte de su «liturgia», pero al final se acordaba, y lo que se acordaba se cumplía", recuerda un hombre de negocios. "Ahora te mandan primero a él, después a La Cámpora y lo que...

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