El grand guignol que no pudo ser

 
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Los Lugones / Autor: Cristian Palacios / Dirección: Guillermo Heras / Intérpretes: Fernando Santiago, Fabio Prado, Mariana Ortiz Losada, Cristian Palacios y Gastón Santos / Dirección artística: Natalia Alayón Bustamante / Dirección técnica: Lucas Pertini / Producción general: Compañía Nacional de Fósforos / Teatro: Payró, San Martín 766 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra Opinión: regular.

Hay señales en un espectáculo que, desde el comienzo, hablan con claridad de una elección estética. En Los Lugones, al arrancar la obra, se ve un telón de fondo en el que están dibujadas varias figuras con sus cabezas en blanco y una leyenda que dice: grand guignol. Es difícil no entender entonces que se llevará al espectador por un itinerario que, al menos en algún aspecto, tendrá relación con esa corriente teatral creada en París en 1897, por el autor y director Oscar Méténier, y que funcionó en una iglesia gótica del barrio de Pigalle hasta 1962.

Siguiendo las huellas del naturalismo, el grand guignol pretendía generar sobre el público vivencias de escalofriante terror mediante el desarrollo continuo de escenas de naturaleza macabra. Se trataba, como decía Méténier, de "sacudir los corazones" de los espectadores. En su sustancia más profunda, ese ideario artístico compartía la idea, en armonía con la sociología y la biología de su época, de que el hombre era un verdadero títere de los designios maléficos de la historia, una marioneta de su dinámica criminal.

Aplicado ese enfoque al caso argentino, la familia Lugones podría funcionar como un paradigma de ese destino trágico y de horror de nuestro pasado político, una metáfora fantasmal de todas nuestras pesadillas, que incluyen tanto desencuentros como violencias. Cuesta poco coincidir con este pensamiento del autor, sobre todo si uno se detiene en episodios puntuales de la existencia de los...

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