El gran confiscador

 
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La Europa en crisis ha visto en los últimos tiempos un fenómeno financiero casi extravagante: Estados que logran colocar bonos a tasas negativas. Probablemente por los temores a la expansión de una crisis por la salida de Grecia de la Unión, hubo quienes se sintieron más tranquilos si confiaban sus ahorros al Estado. Le entregaron el dinero y obtuvieron bonos a plazo con interés negativo. Es decir, le pagaron una comisión al sector público para que les cuidara los ahorros.

Lo lograron hasta países como España, que pudieron así aliviar el peso de los vencimientos. Y en operaciones voluntarias, de mercado.

Aquí, el Gobierno hace algo parecido, pero es compulsivo y afecta más a sectores medios que a los altos, mientras declama estar en contra de las corporaciones.

Mientras ofreció a quienes quieran tomar bonos en dólares un rendimiento extravagante superior al 9% en moneda norteamericana, coloca compulsivamente deuda en pesos, que devolverá sin actualización alguna, con una inflación que en la más optimista de las mediciones roza el 2% mensual. Y lo estuvo haciendo también cuando, en 2014, además de la inflación, agregó la devaluación, que según la presidenta Cristina Kirchner había que pedirle "a otro gobierno". Pero la hicieron ella y su equipo.

La fórmula confiscatoria funciona así: para no admitir que en una época muy favorable para países como la Argentina ha causado una crisis de divisas insólita, el Gobierno inventó toda clase de artimañas. Una es la retención a cuenta de Ganancias que el fisco aplica en los gastos con tarjeta en el exterior o en la compra de dólares ahorro con libre disponibilidad. Ese "pago a cuenta" se les devuelve a los asalariados y autónomos una vez por año si al final de las cuentas queda una saldo a favor del contribuyente. Es actualizado ¡por nada! Una de esas percepciones puede durar un año, en el cual el Estado se apropia de buena parte del valor del dinero. Sencillamente, lo confisca.

Como la liquidación del impuesto es anual, los empleadores se resisten a tomar a cuenta esas percepciones en los descuentos y retenciones mensuales que hacen sobre los salarios. Temen que la AFIP vaya contra ellos.

No es una política impositiva, sino una monetaria y cambiaria impuesta desde Economía y el Banco Central para no confesar que no hay dólares al precio absurdamente bajo del oficial. Es la...

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