Golpismo, mentiras y victimización

 
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Una lógica tan perversa como descabellada. He ahí la naturaleza operativa del Gobierno en el empeño de crear fantasmas. Se ha especializado en una ficción: inventar enemigos para victimizarse y eludir responsabilidades ante la escalada de gruesos errores en que incurren sus agentes. Con la misma perseverancia con la cual ha insistido en http://www.lanacion.com.ar/1662720-milani-o-la-prueba-del-doble-discurso

para facturarlos a su antojo o ponerlos de lado según sean las conveniencias prácticas de coyuntura, ahora vuelve a instalar la falsa idea de un golpe institucional. Lo hace con la frescura de quien ha manipulado las estadísticas nacionales hasta hacerlas irreconocibles con la realidad.

No hay un solo indicio ni prueba de que se esté gestando http://www.lanacion.com.ar/1533929-denuncio-kunkel-un-intento-de-golpe

, pero insiste en la existencia de maniobras para desestabilizarlo. Según el kirchnerismo, son golpistas tanto los efectivos de seguridad que reclaman un aumento de salarios con procedimientos que llegaron, sin duda, a sumir en la desprotección a grandes centros urbanos, como los medios de prensa que informan con independencia del poder político; también los bancos, los sindicatos, los caceroleros, el campo, los jubilados, los artistas, los ahorristas, la CIA y, desde luego, el Pentágono.

En su temeraria interpretación del contexto, para el Gobierno es desestabilizadora la Justicia que se atreve a ejercer con independencia los deberes constitucionales y a la que el Poder Ejecutivo y los legisladores que le responden pretendieron desarticular. Si no lo han conseguido aún sino de forma parcial ha sido por la poderosa manifestación de opinión pública que ha respaldado la valla opuesta para ello desde el seno del Poder Judicial.

El último mensaje presidencial ha estado en aquella línea. La Presidenta procuró mostrarse convencida de que enfrenta un golpe económico dirigido a destituirla. Habló de "maniobras especulativas y de mercado" y cargó contra los ahorristas en dólares, a los que cuantificó y amenazó con quitarles subsidios de servicios públicos. Lo hizo sin tomar nota de que esos subsidios provienen del corazón de una política que le pertenece. La venta de dólares, autorizada dentro de un sistema de pautas minuciosas, desmiente, por definición, que el cepo cambiario haya sido erradicado y desmiente, de igual manera, que el ahorro en esa moneda provenga sólo de sectores con mayor poder adquisitivo de la población. Medio millón...

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