Del golpe fallido a la purga autoritaria en Turquía

 
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El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan acaba de sobrevivir a un cruento golpe militar, que finalmente fracasó tras dejar un saldo de 290 muertos. Fue el cuarto que sufrió Turquía desde la década del 60. Cabe celebrar el triunfo de la democracia, pero lo cierto es que hablamos de una democracia que, desde hace algunos años, ha estado empantanada en un constante proceso autoritario que preocupa a Occidente.

Erdogan, paso a paso, ha restringido severamente las libertades civiles y políticas, en especial las de opinión y de expresión. Esa constante, alimentada por un islamismo presuntamente moderado, es precisamente la que, por el momento, ha impedido a Turquía incorporarse plenamente a una Unión Europea, que la observa con justificada preocupación.

Lo sucedido desde el reciente golpe militar abortado ha vuelto a encender las alarmas, porque muestra a un Erdogan dispuesto a aprovechar lo sucedido para aumentar su férreo control sobre la sociedad y restringir aún más las libertadas y derechos de sus conciudadanos.

Su gobierno, que acaba de decretar el estado de emergencia por tres meses, prohibió a todos los académicos viajar al exterior. Forma parte de una enorme purga. Se ha suspendido a 15.000 educadores y se pidieron las renuncias de todos los decanos de los 1577 institutos universitarios del país.

Se trata de reacciones por la presunta participación en el golpe de los seguidores de Fethullah Gülen, un clérigo musulmán dedicado a la educación, que está exiliado voluntariamente desde hace años en los Estados Unidos. Su extradición es procurada por el gobierno turco.

A lo antedicho se suma la interrupción del acceso electrónico a WikiLeaks, que anunció que revelará los contenidos de las comunicaciones entre los miembros del partido gobernante en los últimos días.

Más de 45.000 militares y policías, 2745...

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