Gaby Sabatini: 'Ahora disfruto de todo lo que no hice cuando jugaba'

 
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La primera impresión, impacta. La segunda, también. Bella, bellísima a los 43 años. Coqueta, sutilmente maquillada, los labios pintados, el pelo suelto, brillos en la remera y jean ajustado. Los 175 centímetros de altura parecen muchos más por los tacos que lleva puestos. Gabriela Sabatini sonríe, cálida, durante una tarde ventosa de primavera en la ciudad de Buenos Aires. Muy a lo lejos se oye el chirrido del tren. Sumamente agradable, atenta y buena anfitriona, la mejor tenista argentina de la historia y una suerte de inspiración deportiva para muchos, luce igual que siempre; acaso, ¿por qué debería cambiar?Pasaron 17 años desde que dejó la raqueta en el armario. Admite que se siente en armonía, que se dedica a ser ella, a viajar, que se deleita con cuanto recital puede; últimamente disfrutó de Madonna, Roger Waters, U2, Coldplay. No abandona su costado artístico, claro: "Me encanta cantar. Algún karaoke entre amigos", sonríe la ex número 3, aunque fue una N° 1 para muchos. Como empresaria, hace más de 20 años que encabeza su línea de perfumes; incluso, en 2012 viajó a Brasil para promocionar una nueva fragancia. La enamora conocer sitios nuevos y subirse a un avión ya sin las presiones que padecía cuando jugaba. Tiene sus gustitos, sus rutinas gastronómicas: cuando visita Nueva York toma helado y chocolate caliente en el lugar de siempre; en París, se regocija con los macarrones de una pastelería de Champs-Elysées. Cuando alguien popular se retira o se jubila, se argumenta que lo importante es el recuerdo que dejó como persona. En el caso de Gaby, todo es positivo. Es una figura querida en cada rincón."Me di cuenta después de que dejé de jugar cuánta gente ve tenis. Inclusive en países en los que nunca había estado, que después visité y me sorprendió cómo me conocían. El tenis es un deporte muy popular y a través de él llegué a mucha gente. Creo que tenía una conexión especial con el público, sí. En muchos lugares sentía que era local, que tenía a muchos apoyándome. Me ha pasado de estar jugando contra una local y que el aliento fuera parejo; era increíble. Una, cuando está en ese momento, lo aprecia, pero no le da la dimensión que le puedo dar hoy mirando hacia atrás. Con la vorágine es difícil detenerse en esas cosas. Hoy disfruto de esa conexión. Soy una persona más, así me siento, trato de ser yo, y lo que traté de hacer desde que dejé de jugar es volver a mis orígenes, a mi esencia, porque la había dejado un poco de lado", explica Sabatini.-En la...

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