Una feroz persecución a los jueces

 
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Cinco jueces fueron abatidos en apenas quince días. Pertenecían todos al mismo fuero, el Civil y Comercial, que debe resolver sobre la obsesión presidencial para desguazar a un multimedio periodístico. La minoría opositora del Consejo de la Magistratura fue sometida al escarnio público y uno de sus miembros, Ricardo Recondo, fue blanco de una intensa campaña pública de calumnias. La Corte Suprema de Justicia está siendo acosada con el proyecto oficialista del per saltum, que la obligaría a saltar por encima de las todas instancias judiciales para decidir directamente sobre asuntos considerados trascendentes por el kirchnerismo. La calidad de la democracia argentina fue puesta, así, en un peligroso proceso de caída libre, cuya conclusión será la instauración de hecho de un régimen autoritario.El conflicto está en los fines y en los medios. El fin es la destrucción del principio de la división de poderes. No es un problema sólo de la dirigencia política; es, sobre todo, una cuestión clave de la sociedad. La libertad depende de la división de poderes, según la definición de Montesquieu. Sin un poder judicial independiente, la libertad política estaría terminada. El medio, a su vez, es la difamación de personas que han hecho una larga carrera judicial y que cuentan con prestigio como jueces. Vidas reinventadas, acusaciones falsas, rumores de deshonra, mentiras inhumanas. El enorme poder mediático de ofensas y ultrajes del kirchnerismo alcanzó en los últimos días su incomparable apogeo. Todo vale.La ofensiva contra la Justicia sucedió en los mismos días en que Cristina Kirchner se notificó de que su eventual re-reelección en 2015 es un proyecto muerto. El documento de senadores nacionales opositores (y también de diputados), que anticipó la negativa a habilitar el debate sobre la reforma de la Constitución, terminó con la idea del oficialismo de ofrecer la misma Kirchner ante la falta de otro Kirchner. Sin una parte de esos votos opositores, es imposible para el Gobierno alcanzar la mayoría especial que necesita el cambio constitucional.La decisión de los legisladores opositores, sin embargo, no hizo más que confirmar formalmente lo que ya era una certeza. Son las encuestas de una presidenta en franca decadencia de popularidad lo que selló la suerte del programa reeleccionista. Cristina Kirchner tiene ahora sólo el 35 por ciento de aceptación social; sus políticas son rechazadas por más del 60 por ciento de los encuestados, y el 70 por ciento de la sociedad no...

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